martes, agosto 02, 2011

El asco de votar


A Fito la mitad de los porteños le dieron asco, al menos por como votaban. Pino Solanas dijo que el voto en ciertas provincias era de baja calidad. En algún momento Carrió afirmó que a la sociedad le gustaba votar por sus verdugos. Binner que quienes elegían a Reutemann sufrían el síndrome de Estocolmo. El peronismo necesita de los pobres para poder ganar elecciones, sentencia repetida decenas de veces. En el 83 Alfonsín decía que los que votaban la peronismo votaban por un muerto. Néstor se cansó de repetir que que escuchaba el ruido del helicóptero, cuando le mencionaban el voto a la oposición.

No es fácil. A nadie le gusta perder. Pero es más complicado, a todos nos cuesta comprender el voto por una opción distinta a la nuestra. Claro, en al vida cotidiana uno puede discutir dos horas porque programa se mira a la noche o qué película se va a ver; pero se admite que esas diferencias juegan en el terreno de aquello sobre lo que no se produce textos: los gustos. Ahora, el voto es, suponemos, otra cosa. Y las argumentaciones de disenso pueden ser de dos tipos. Estamos en desacuerdo con las propuestas de determinado candidato y las políticas que propone y que el votante apoya. La segunda ya implica una doble lectura y es en función de "observar" un error de juicio por parte del votante (del otro no de nosotros claro) que "cree" que el candidato representa eso que el quiere. O que, directamente, está votando contra sus propios intereses.
Los apelativos a los tipos de votos, provienen de alguna de estas dos grandes orientaciones que nos conducen a los categóricos "mira la basura que votan" o bien "la gente no sabe lo que vota".
Fito entendió lo primero, lo mismo que Néstor. Alfonsín, Binner Carrió y Pino, lo segundo.

En cualquier caso, no me parecen alarmantes estos enojos, que expresan la tensión propia de una elección donde alguien gana y otro pierde.

2 comentarios:

RDM dijo...

Aún admitiendo el análisis (me parece que hay que darle alguna vueltita), está claro que los enojos no resultan alarmantes en tanto enojos. Lo que creo es que, inscriptos en una campaña electoral, sus efectos restan, más allá de las coincidencias que se puedan tener con unos u otros. En otras palabras: el enojo abstracto está bien, pero la bajada de precio directa al votante (tratándolo de ignorante y/o de jodido como consecuencia de sus elecciones) ayuda poco al que la profiere.

Y, en ese sentido, la nada sutil metáfora de Néstor es mucho más útil que la bilis de Fito. La historia del artista que se expresa con no sé qué y no se cuánto no me cierra mucho.

El cambio de imagen viene bien, aunque extraño la nomenclatura racinguista de la época anterior. Pero me alcanza con saber que es el mismo Don Roque de siempre. Tanto que le hice un guiño acá http://t.co/J8NhX5h y no me dio mucha pelota.

Abrazo.
RDM

Sergio De Piero dijo...

No se me enoje, han sido días aciagos.

Lo que a mi me parece que debe asumirse es que el voto del otro, el distinto, no debemos tomarlo como una normalidad por parte del conjunto de la ciudadanía. Es difícil comprender porque los otros hacen opciones diferentes en temas comunes.
Otro tema es salir a incendiar Roma al día siguiente