jueves, diciembre 27, 2012

La nueva cuestión socialsaqueo




 Hay lecturas en las cuales ni vale la pena detenerse: "Como el gobierno le quita el predio a la SRA, la gente de a pie se roba plasmas de los súper". "El gobierno alienta el revanchismo y el resentimiento y ahí tenemos los muertos en Rosario”. Esas palabras ni siquiera alcanzan el nivel de una "lectura" de lo que sucedió los días pasados. Del mismo modo, no conviene minimizar lo sucedido en los distintos puntos del país donde personas ingresaron a algunos comercios y se llevaron mercadería “variopinta”.



¿La discusión es si se llevaron plasmas o arroz? No. Si. En parte. En los saques de 1989 o lo de 2001, podía verse un altísimo componente de mujeres (de madres incluso con sus niños) retirando alimentos de las góndolas, ingresando a los supermercados junto a otras decenas de personas. Ingresar y tomar en primer lugar un plasma, no parece ser lo mismo; marca, me parece, que el ingresante fue directamente bazucar eso, mientras que los saqueos de aquellos años, tenían esa tensión, esa indecisión entre ingresar o no al súper, esa violencia muda que se iba construyendo en la puerta de los establecimientos. Que los saqueos duraran apenas dos días, marca al ruptura de continuidad con los de años anteriores, en donde podía observarse un proceso, más rápido o más lento, que derivaba en la acción. Los recuerdo además porque los vi, especialmente en 1989: e menos común la marcha de los que vienen a saquear, que al situación tensionante en al puerta del supermercado esperando a ver si van a entregar o no alimentos (e incluso la entrega de comida no necesariamente frenará el saqueo “inevitable”, porque lo que está en juego es otra cosa, ese proceso social, fruto de la desesperación y la bronca). Por eso decir que hay pobreza en el Gran Bariloche, no alcanza para explicar lo que sucedió (y la hay, sin duda), no son las situaciones de pobreza la explican por si solas las tensiones sociales y económicas.  

Y sobre eso, sirve una idea que daba Pierre Rosanvallon hace ya 15 años: “La nueva cuestión social, no se resuelve con la guerra la desempleo” (En su libro La Nueva Cuestión Social, 1995, Manantial). Disminuir el desempleo es clave para poder recomponer la situación socioeconómica de millones; ese ha sido, afortunadamente, el objetivo del gobierno desde 2003. Pero la nueva cuestión social, ha traído aparejado otros elementos que no se vinculan sólo a los ingresos, y que tiene que ver con los aspectos subjetivos de la vida cotidiana, lo territorial, la organización de los barrios, el aislamiento, las migraciones internas y externas forzadas por situaciones económicas, etc. El alto componente de estos cambios, hace a la necesidad de trabajar en territorio como lo propone el Programa Ahí. Que se mencione la posibilidad de bandas de narcos, controlando algunos espacios, refuerza esta idea.

Deberá hacerse la investigación policial del caso. Para comprender lo que sucedió (y pueda volver a ocurrir) se necesita profundizar el trabajo en el territorio, del Estado rearticulando espacio que a veces se montaron a las apuradas. Otra vez: más Estado, para una mejor sociedad.

sábado, diciembre 15, 2012

Hablar de política. Hacer política



Existen muchos espacios institucionales o sociales simplemente, para lo que se dice “hacer política". De todos ellos desde luego las instancias de gobierno, cualquiera de los tres poderes del Estado, son sin duda los que producen mayor impacto (Remarco lo de tres poderes). Y tampoco es muy difícil de asegurar que el Poder Ejecutivo es el espacio con mayor visibilidad y herramientas institucionales y de las otras, para poder plasmar políticas e impactar en la vida cotidiana y en el rumbo general de un país. De allí que hacer política de la oposición es fácil en el nivel discursivo (hago eso me opongo q todo o casi los que haga el gobierno) pero es más difícil hacer política diferenciándola del mero discurso. Eso sucedió sierre y cualquier latitud (iba a decir “acá y en la China, pero justo allí no con su partido único).
Por eso mientras son oposición los partidos nacional, juegan las cartas que tienen: sus legisladores, sus gobernaciones so intendencias y desde allí buscan ganar visibilidad, limitar al gobierno nacional y presentarse como alternativa.  
Entre nosotros, la oposición enfrenta un escenario difícil porque gobierna en algunas pocas provincias, en la CABA y tienen un bloque importante en el Congreso. El problema es que se trata de partidos distintos: el PRO que gobierna la Capital Federal, no tiene peso en el Congreso donde si lo tienen la UCR. El FAP que gobierna una provincia grande, es moderado aún en ambas cámaras. Por dónde se la mire la ecuación tiene sus complicaciones.

 
Ante esta situación, la oposición opta por subirse a otras agendas que al menso tienen impacto en los medios de comunicación (muchas veces porque son las agendas de los mismos medios). Con sólo horas de diferencia, esa agenda sufrió dos golpes: el juez Alfonso avaló la constitucionalidad de los artículos 45 y 161 de la Ley de Servicios Audiovisuales y el Tribunal de Mar, determinó que la Fragata es buque de Guerra y debe ser liberado. No es necesario recordar los cuestionamientos a al Ley de Medios de casi todo el arco opositor y los programas de TV visitados, para justificar el rechazo a la ley en nombre de la libertad de prensa. (Que no fue nunca el punto en cuestión debatido en la justicia). No se olvidará tampoco que algunos opositores propusieron hacer una colecta par pagarle a los fondos buitres de manera que liberaran a la fragata Libertad. Acaso el aliento al 8N, tuvo también mucho de estas cuestiones.

En fin, la cosa es, me parece, que la oposición ante la dificultad creativa de hacer política, se resigna sólo a hablar, en una constelación de temas, que no parecen ser los que conectan con la construcción de una alternativa política al Kirchnerismo. Y cuando finalmente aquello que parecía es stalinismo es avalado por al justicia y la Fragata pone velas para su puerto, la construcción generada se vuela, como las palabras.

lunes, diciembre 10, 2012

¿y ahora?



El festiva/acto que está terminando mientras escribo esto, es de alguna manera el cierre del clima que abrió la Cámara al dar a conocer que extendía la medida cautelar a favor de Clarín. El golpe no fue menor porque desmontó, de manera innegable, la apuesta al 7D, como línea de partida para iniciar la desconcentración de medios, en particular de Clarín. ¿Pecó el gobierno de cierta ingenuidad al poner esa fecha límite? ¿Lo hizo para de algún modo crear un clima que forzara los jueces a expedirse, poniendo como central que se trataba de una Ley con amplio respaldo legislativo? No lo se. En principio sólo puede decirse que la estrategia no resultó exitosa y el 7D de pronto, simplemente se esfumó.
Pero ese dato, no puede leerse, sin tener en cuenta el discurso de hoy de Cristina Fernández en la Plaza repleta. Y esto muy en particular porque luego del “tropiezo ante la actitud de la Cámara, no faltó quien ya sentara en el sillón de Rivadavia a Lorenzetti . La plaza de hoy, además de la multitud, marcó un discurso de Cristina en algunos rasgos fundamentales, que no la dejan a ella y su gobierno, librado al azar de las decisiones judiciales.  
“Esperaremos”. Fue, me parece, el mensaje más claro de la estrategia, a pesar del mentado 7D. Cristina al indicar que la ley tarde o temprano se impondrá también a Clarín (el único medio que interpuso una cautelar), le bajó los decibeles que el mismo periodismo le había impuesto a la cuestión en tanto que el gobierno la entendía como batalla final. No hay tal, porque ni se sueña con la inconstitucionalidad del artículo 161 de la ley, lo que pondría al gobierno en una situación de debilidad. La inviabilidad de esa posibilidad la han explicitado hasta los mismos medios opositores, salvo Clarín. Con esto remarco que el gobierno, si bien no bajó sus críticas al poder judicial, no creyó que la cuestión debía centrarse en redoblar una apuesta de enfrentamiento con los jueces. Les dijo, que iban a esperar
Y también por eso, llama la atención que varios analistas pasen por alto la centralidad del la oposición de Clarín de adecuarse a la ley con frases del tipo “hay otros artículos que no se cumplen, y el gobierno sólo se concentra en el 161”. Es como negarle al política a cualquier decisión del Estado en forma de ley. Es creer que una ley, es simplemente un reglamento como el de evacuación en caso de incendio.
Además en este asunto, el gobierno no tiene el acompañamiento del resto de sistema político. El resto de los partidos, incluso quienes apoyaron la ley, prefiere el silencio. Seguro porque evalúan que no ganan nada exponiéndose, y acaso, sientan que el gobierno pierde algo, en toda esta cuestión. Y en referencia a lo político, también aparece claro que al gobierno, puntos más de popularidad, puntos menos, le queda espalda para seguir con la alianza que tiene hoy en día y que no se ha resquebrajado. Porque con al movilización del domingo, quiso mostrar también que sin el apoyo masivo del sindicalismo, también podía llenar la plaza; y a su vez, que los intendentes del conurbano siguen dentro del espacio.
Es decir, si la extensión de la cautelar fue una noticia no esperada, al gobierno, aunque sorprendido, lo encuentra con los reflejos rápidos y la convocatoria, intacta. Por ahora, para las elecciones, falta mucho.

viernes, noviembre 23, 2012

¿Quién acumula?

Dos protestas importantes en contra del gobierno. Distintos convocantes, pero objetivos más o menos comunes: condicionar políticamente al gobierno. En el caso del 8N ese fin condicionante está más atado a ciertas políticas públicas: no quieren una nueva re elección, quieren menos intervención del Estado en la economía, que baje la inflación como sea, y suman agendas de ya largo aliento como la inseguridad. Quieren un gobierno que responda a esa agenda, peor que además lo haga de un modo definido que es bastante distinto a cómo el gobierno ha tomado estos y otros temas desde 2003. El problema central es que claramente el gobierno dará algunas señales a esos sectores, pero no va a modificar su orientación, y estos sectores no encuentran un liderazgo político eficiente que pueda encabezar con éxito, esta demanda. Es decir que derrote el año próximo de manera clara y contundente al kirchnerismo. Podrá haberla, pero por ahora es un signo de pregunta.  

La huelga del 20 de noviembre, fue otra cosa. La agenda de reclamos puede tener puntos de contacto (el caso mínimo imponible para ganancias) pero el 20 lo que se planteó fue decididamente, una lucha de poder: el moyanismo y otros sectores sindicales, se sabe afuera del esquema de poder de gobierno. Y no les gusta. Y quieren demostrarle al kirchnerismo, que aún son una herramienta de poder política fundamental en la sociedad argentina y negarlo le traerá al gobierno, consecuencias, sostienen. La gira interminable de Moyano que lo llevó a reunirse con los sectores más lejanos de sus acciones políticas (con quienes abe que jamás converger en un acuerdo electoral), no es otra cosa que la demostración de que su apuesta a acumular poder político es definitiva. O casi, porque la palabra más escuchada luego del paro, fue “que nos llamen a conversar”.  Y eso me parece porque el sindicalismo sabe de su poder, pero también de sus limitaciones electorales: Ubaldini, luego de los 13 paros a Alfonsín y actos multitudinarios, obtuvo el 1,5% de los votos como candidato a gobernador en 1991. En cuanto a la agenda política del sindicalismo, es la del gobierno, piso mínimo más, piso mínimo menos. En ese sentido es “sólo” político lo que está en juego.

Y nos queda el gobierno. Como era de esperar, salió a contestar y sentarse sobre el 54%. Sabe también que debe dar algunas señales y lo hizo, aunque moderadamente. Tiene ahora la batalla de la ley de Servicios Audiovisuales, que se devorará la coyuntura desde la semana que viene, y podrá dejar, sino en el freezer al menos en la heladera, los reclamos sindicales y habrá que ver cuánto de articulación puede haber entre los caceroles del 8 y Clarín (los primeros ya han avisado por las redes que no hay ningún cacerolazo planeado). Luego del 7D, seguirá flotando aquella tensión política en al que el gobierno quizás vuelva a poner el eje en la gestión y las políticas públicas y menos en la tensión con todos estos sectores. Esas primeras señales, quizás nos empiecen a decir algo del electoral 2013, y quien estará acumulando más para esas elecciones.

jueves, noviembre 08, 2012

8N: Buscando un símbolo de tangibilidad



En un par de horas se producirá el segundo "cacerolazo" del año, en contra de las políticas del gobierno nacional. Los debates acerca de los niveles de espontaneidad, tienden a aburrirme. Del mismo modo reivindicar que lo bueno es “que la gente se expresa”. Ni te digo escuchar afirmaciones del tipo “Cristina debe gobernar para todos”.
Vayamos pues por otros cauces. Qué puede pasar de aquí en adelante con estas protestas, que es, me parece, lo realmente importante. Esta protesta se conecta con algunos otros hechos del pasado reciente que la vinculan por los actores sociales que se están movilizando, y por el “espíritu” que las recorre. (Espíritu digamos, como lo entendía Mosntesquieu, respecto de las leyes, es decir lo que está por detrás, lo que las alimenta).
Su pariente más cercano, son las movilizaciones en rechazo a la 125; aunque las organizaciones participantes de la Mesa de Enlace, no hayan expresado un apoyo institucional al 8N, no cabe duda de las simpatías. Ni tampoco de las solidaridades que obtuvieron de los sectores medios urbanos. En el 2004, la marcha convocada por juan Carlos Blumberg, reunió a un número importante de gente en la Plaza de los dos Congresos, en favor de mayor seguridad y de endurecimiento de las condenas. Aunque represente sólo a uno de los espacios que hoy se movilizan, los pequeños grupos que en los ’80 se movilizaban en contra de los juicios a los militares por violación a los derechos humanos. Puede que exista alguna otra referencia.
¿A dónde conduce esta cuestión? ¿A decir que se trata todo de lo mismo? No, sino de la notable diferencia con el cacerolazo del 8N: no está en tensión una política tangible. Decir “Seguridad”, “Libertad” (en una democracia), “No a la corrupción” es plantear generalidades cuya traducción en políticas ni siquiera puede ser percibido en lo inmediato. La no reforma de la Constitución Nacional, no planteada, no está muy lejos de esa perspectiva. El problema mayor de los cacerolazos es que su horizonte se desdibuja, a medida que avanzan. Puede subir su nivel de rechazo al gobierno nacional, pero no especifican los que quieren, están, en ese aspecto en una instancia pre política. Y al no poseer esa tangibilidad necesaria, no sabrán cuando lo habrán obtenido; ¿Un país sin inseguridad? El gobierno ha disminuido las cadenas nacionales a sabiendas que parecen irritar a estos sectores; ¿liberar el mercado cambiario sería para ellos un aliciente? Sí, pero además de poner en juego variables económicas, no parece que acabara con el movimiento. El gobierno no puede conformar globalmente a un sector que no lo votó.
Si no encuentran eso tangible, el movimiento, como decía en el post anterior, el movimiento se enfrentará a una lenta descomposición. Salvo que su tangibilidad sea el fin del gobierno de Cristina Fernández. Y allí la discusión es otra. Y más grave.

viernes, octubre 26, 2012

Un prefacio a la teoría del cacerolazo



Según parece habrá una nueva protesta contra el gobierno, el 8 de noviembre. Por lo que se puede ver en las redes las áreas temáticas de protesta son tantas, que autoriza a denominar al acto “contra el gobierno” y “críticas en torno de algunas políticas”. También habilita a imaginar que los que han salido y volverían a hacerlo, no votaron por Cristina Fernández el año pasado; es decir no comparten el marco político del gobierno. La amplitud del temario abarca la política económica, la orientación de las relaciones internacionales, algunas particularidades como el control del tipo de cambio y su comercialización, la regulación del mercado interno, la seguridad urbana, y otras mucho más generales. Esa generalidad es la que mueve a calificar a esta protesta cercana no como una que pueda resolverse con una respuesta quirúrgica por parte del gobierno. ¿Liberar la compra de divisas resolvería la cuestión y conformaría a los ciudadanos en protesta? No parece el caso. Hace unas semanas, el diario La Nación, publicó una entrevista a LilianaDe Riz. Allí, indicaba que las protestas son expresiones de la falta de atención de los gobiernos a ciertos reclamos ciudadanos. Esa respuesta, típica argumentación de la escuela pluralista democrática norteamericana, es válida si fuese el caso que mencionamos: la ocupación del espacio público es en rechazo a una medida específica o demandando la atención del Estado en una cuestión más o menos puntal. Y a su vez, la teoría pluralista supone la existencia de sociedades más o menos homogéneas. No sería nuestro caso en casi ningún sentido. Por ello las protestas de este tipo, que tuvieron una importante convocatoria en septiembre y probablemente repitan en la próxima, deberían entenderse por la necesidad de llenar el espacio vacío de una alternativa política. Porque aunque se dirijan demandando al gobierno, están levantando voces que parecen no tener representación.
¿Podrá pensarse esto así? El jueves 25, invitado al programa “Las Manos en la Masa” por América 24, se planteó esta discusión; esto es si lo anterior era una explicación plausible, o si argumentar de ese modo era deslindar responsabilidades al gobierno.  Va un ejemplo histórico: Entre 1983 y 1987 el liderazgo de Ubaldini fue indiscutible, no sólo en los sectores sindicales, sino en términos generales en el peronismo y buena parte de la oposición. Las primeras marchas llegaron a convocar 250.000 personas. Cuando la Renovación Peronista logró afianzarse dentro del partido desplazando a la ortodoxia, y ganando buena parte de las gobernaciones, comenzó a ocupar el centro de la escena en la representación de la oposición y el liderazgo de Ubaldini, encontró límites en la esfera sindical; ocupó un rol de oposición hasta que el entramado político volvió a articularse y fue nuevamente el centro.
No sabemos qué va a pasar con las protestas en términos estrictos. Sí, podemos adivinar que si ningún sector político logra canalizarlas, en la historia suelen ocurrir dos cosas: o se disuelven o tornan a radicalizarse ante la ausencia de canales institucionales que los representen. Aquí abogamos por la primera.