lunes, agosto 22, 2011

Los medios reinan, pero no gobiernan

La elección del domingo sigue dejando material para trabajar. Ayer en Página 12, salió una breve nota de análisis del rol de los medios en la elección con cometnarios, de algunso analistas. Bastante buena.

No es la primera vez que los medios más relevantes, digamos los de mayor tirada, audiencia o rating, quedan un poco desencajados con el resultado electoral. Baste recordar el apoyo de los grandes medios a la fórmula Tamborini - Mosca, de 1946. Pero también recuerda la acción directa en la caída de Yrigoyen primero, de Illia y de Isabel, después. Esto inhibe de correr el péndulo graciosamente desde el manejo como marionetas de la realidad políticas por parte de los medios, como la creencia de su inocuidad.
Los medios están ahí y son, diría desde lo inicios de la política moderna, una actor con poder y un poder importante. Puede insistir hasta el infinito para instalar un tema, aunque no siempre lo logren; pero ese recurso lo tienen y no es compartido con el resto de los actores políticos y sociales. Pueden bautizar hechos sociales, crearon los "motochorros" y el "caos de tránsito" o determinan la suba o no de los niveles de inseguridad sin necesidad de definir el indicador. Justamente porque son los principales emisores de lo que ellos mismos llamaban noticias, pueden reinar en ese ámbito. Si en conjunto deciden que algo no existen pueden borrarlo, como hace Clarín con Tecnópolis (ponga la palabra en el buscador y verá lo que encuentra), pero 2 millones de personas lo visitan. Por esas limitaciones, porque tienen poder, pero la sociedad es un cúmulo de actores y prácticas políticas e, incluso, de otros espacios de comunicación, los medios no pueden gobernar. No pueden no en el sentido normativo, sino en el pragmático. Los medios opositores han dedicado decenas de tapas de sus diarios o revistas a criticar el gobierno y el resultado es el 50,07% de Cristina, que la convierte, hoy por hoy, en al segunda presidente mas votada desde 1983.
Vale entonces la alegoría a las decadentes monarquías europeas, que a pesar de sus palacios y pompas, deben soportar como los comunes, hacen política y gobiernan sociedades.


2 comentarios:

Ricardo dijo...

Sin ir más lejos, son los que le otorgan el calificativo de peronista a De Narváez, aunque Biolcatti lo desmienta.

Saludos!

Sergio De Piero dijo...

Claro. O te dicen quien es polémico y quien no.