martes, enero 03, 2012

Esto pasó ayer, pero hace 10 años


La placas de los canales de cable y la ediciones on line de los diarios, cambiaban en sólo minutos. Luego de la renuncia de Adolfo Rodríguez Saa a la presidencia, fruto de la falta de apoyo de los gobernadores peronistas (y bastante menos al cacerolazo de ese mismo día), se abría la negociación para encontrarle sucesor. El que se alzaba con las mayores posibilidades era el senador por Buenos Aires, Eduardo Duhalde. Sin embargo la negociación se extendió desde le mismo 30 de diciembre hasta bien entrado el 2 de enero. Quienes tenían juego en esa discusión eran los hombres y las mujeres del peronismo, ya que la Alianza, habiendo abandonado el gobierno, estaba dispuesta a apoyar la propuesta del hasta hace unos días, partido opositor. No había muchos nombres que contaran en ese momento con el caudal político para imponer un nombre: la Alianza estaba deshecha y aunque algunos miembros del FREPASO resistían la designación, su capacidad de presión era mínima. En el peronismo, como era el caso de José Manuel de la Sota, sucedía algo semejante. Por otra parte el bonaerense había sido el último candidato a presidente por el peronismo.

El resultado fue un apoyo casi en bloque del peronismo, el radicalismo y el FREPASO. Duhalde obtuvo 262 votos de apoyo, frente a 21 negativos y 19 abstenciones. En el primer grupo se ubicó el ARI de Elisa Carrió quien aspiraba capitalizar el derrumbe de al UCR, (en ese bloque estaba incluso el ex vicegobernador de Duhalde, Rafael Romá y Mario Cafiero ex funcionario de la provincia) y dos diputados de Izquierda Unida. Las abstenciones se repartieron entre frepasistas y partidos provinciales. Increíblemente, hubo más de 20 ausencias (no fueron a la Asamblea Legislativa más importante de los últimos años). Esa votación combinó, inéditamente para la Argentina, la solución política con la institucionalidad. Más allá del resultado inmediato y posterior de esa elección, la crisis pudo encaminarse sobre los pasos previstos en la Constitución Nacional: un acuerdo a través de la Asamblea Legislativa; en ese mecanismo institucional, los actores políticos encontraron la herramienta de salida. Fuera de allí ¿había otras posibilidades? No son recomendables los análisis contrafácticos, pero las movilizaciones populares, por caso, habían demostrado un gran poder de veto, de protesta, pero escasa capacidad de articulación política; incluso los movimientos mas estructurados, como algunos de los piqueteros, no lograban plantear un escenario viable de salida; su capacidad de movilización era innegable, pero se recostaba en la frustración del desempleo y la crisis económica, antes que en una propuesta política de gobierno; incluso el matiz ideológico en su interior, era muy heterogéneo (al igual que las asambleas barriales que crecieron durante todo aquel verano). Por su parte, la derecha y su propuesta dolarizadora, con fuerte presencia en los mercados financieros, tenía aún menos apoyo en los espacios políticos institucionales como el Congreso. Y, después de todo, las elecciones de octubre, con la recordada impugnación del voto bronca, habían otorgado al peronismo un nuevo capital político. 

Luego de aquello, conocimos el kirchnerismo. Una construcción política que se explica en parte a partir de esa misma crisis, porque combinó el potencial del peronismo, con las dispersas demandas presentes en la sociedad. Y hoy, a diez años, a pesar de la presencia en los medios, de la emergencia de algunos líderes en la oposición, la capacidad para articular esas diferencias en propuestas políticas, sigue ausente.

En medio del que se vayan todos, nos hubo una concentración impresionante en la puerta del Congreso pidiendo Asamblea Constituyente o reforma del sistema de gobierno. La necesidad de certidumbre no es políticamente romántica, pero te explica más de lo que uno cree.

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