lunes, octubre 10, 2011

Como gustan las batallas culturales

La "denuncia" sobre la imposición de relatos históricos, ya lo discutimos en el post anterior, encierran e incluso ocultan, otra verdad: que hay un relato histórico vigente, que es justamente sobre el que se quiere operar. Lo ha intentado cualquiera que busque imponerse como orientación central de la sociead y en particular de la política (dirección intelectual y moral ¿te suena?). Puede o no ser, necesariamete, un partido político, ni siquiera un grupo que intente tomar el gobierno aunque cualquiera de ellos lo incluye.La religiones, la elite e incluso las minorías se envuelven en esta historia.
En La Nación de ayer, Jorge Fernández Diaz sostenía el temor a la hegemonía cultural y política del kirchnerismo, a partir de la imagen en hierro que hoy está sobre las fachadas del Ministerio de Desarrollo Social, en un juego literario donde ponía al tanto del avance populista en Argentina a un extranjero, aterrado proque un símbolo partidario se instale en un edificio público. Concede que Evita ha superado al peronismo, pero la lectura de fondo es que la imagen forma parte de ese peronismo arcaico (que afirma) y bárbaro (que sugiere) del cual Cristina debe despegarse. La preocupación de Díaz se cruzó inmediatamente con un recuerdo mio: una calle principal de un pueblo de Entre Ríos, llamada Bartolomé Mitre. Porque, que todos los pueblos y ciudades de la provincia de Buenos Aires (todos, no muchos) lleve una sus calles principales el nombre del ex presidente fundador del diario donde escribe Diaz, es un dato. (En Avellaneda, por caso, la que fue originalmente su esquina principal era el cruce de las avenidas Mitre con Pavón). Incluso que en la Ciudad de Buenos Aires Mitre salga casi desde la casa Rosada y Urquiza sea una perdida calle de mi barrio tampoco me generó un gran impacto. Pero que la propia Entre Rios resignara calles al hombre con quien tanto se enfrentó en varias décadas del siglo XIX, refiere a que el avance del relato cultural mitrista y su lectura de la historia, arrasó con cualquier resistencia y logró imponerse en todo el país, recortando la historia, como lo hace cualquier relato. Y no sólo en Entre Rios.
Para tranquilidad de todos, propios y ajenos, las batallas culturales no terminan nunca: cambian, parecen imponer un claro triunfador, vuelven a plantearse. Para todos los que temen el efecto "Cuba" como advierte sin demasiadas metáforas el periodista, les queremos enviar un mensaje de serenidad, y que la sociedad Argentina sigue siendo esa trama compleja, rica, variada y contradictoria (que Cuba también lo es), que procesa muchos relatos. Eso si, deberían aceptar que la barbarie tiene su lugar ganado.  

4 comentarios:

Ricardo dijo...

Estaba pensando un post similar, en un planteamiento onda mistrismo vs. lo nacional y popular; y trataba de recordar si conocía alguna calle llamada Juan Manuel de Rosas. No recuerdo. Aún cuando acá, en Tucumán, bautizaron Perón a una avenida, hubo algunos que se opusieron.

Respecto a Fernández Díaz, en cualquier momento pide el carné de afiliación a la Corriente Betisarlista del Protokirchnerismo Malgré Moi.

Nicolás Tereschuk (Escriba) dijo...

Bueno este.

Dany Turco dijo...

Dotorrrrr..... Ni piensa cuando escribe ese muchacho de La Nación. ¿No es capaz de discernir que en la era de la hiper-comunicación y la hiper-información es ya imposible que se pueda imponer una hegemonía cultural? ¿Que el grado de informatización y participación en las redes sociales de los argentinos es altísimo y eso frena cualquier intento de hegemonía? Ayyyyyy..... se han quedado en un país de hace 50 años.
Dany Turco.

Sergio De Piero dijo...

Lo que pasa que si no agitamos fantasmas...