viernes, mayo 27, 2011



Todos hablan de Sarlo, acá de Tomás Abraham

Así, porque nos gusta hacernos los malos. La cosa viene a cuenta porque la semana pasada fui a la presentación del libro de una amiga y, cosas que uno hace por los amigos, me escuché a un panel bien bien 876, es decir ultra ani k, digamos. Y allí estaba el bueno de Tomas. Si lo escuchás tenés entretenimiento garantizado, el tipo puede decir cualquier cosa, que no te va a resultar indiferente.
¿Y qué dijo? Bueno resulta que está tan anti K como en los mejores tiempos. Comenzó por referirse elípticamente a Cristina y Néstor como psicópatas; para terminar diciendo que el chavismo estaba a la vuelta de la esquina con reforma de la Constitución para eternizarse. En el medio el nudo de la cuestión, que es, me parece, el tema del rechazo (¿alguien dijo odio?) de un grupo de intelectuales hacia el kirchnerismo. Y lo sintetizó con la palabra farsante. Eso es lo que para ellos representa hoy Cristina, porque toman banderas que no son de ellos: los derechos humanos, la justicia social, el discurso latinoamericanista, el ataque a las corporaciones. Sarlo ha dicho varias veces cosas semejantes. Lo decían lo socialistas de Perón en 1946.
No pueden tolerar que el peronismo usufructue banderas que "legítimamente" por ¿derecho natural? les pertenece a ellos. Después desde luego podrán decir y encontrar que el gobierno falla en esto y le falta un cinco por allá, etc. Pero la cuestión central es esa que se traduce en dos tragedias: 1) ellos, los intelectuales politicamente correctos herederos de la Revolución Francesa, (los encargados de transmitir la verdad, como alguna vez señaló Luis Alberto Romero) no cortan ni pinchan en este asunto. Y 2) ante esa realidad, no ven ni a dos mil km la traducción política de los que ellos quieren, sino nada mas que un grupo de políticos que juegan a la oposición como si fuera la pelea por el sorteo de un auto. ¿Por qué prácticamente ninguno se acercó a Pino Solanas? ¿Por qué les apasiona el moderado Binner?

Estaba por decirle "conmigo no Tomas", pero el latiguillo no todavía no había saltado a la fama.

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