jueves, junio 21, 2012

Augusto José Saul Moyano

El o los conflictos que nos tocan vivir estos días, parecen confirmar la hipótesis de Juan Carlos torre: el peronismo en un sistema político en sí mismo. La inexistencia de una oposición política al gobierno cede terreno a las representaciones económico - sociales: antes a las cámaras agropecuarios, ahora, al sindicalismo. Desde luego ambos pueden tener capacidad de presión sobre los gobiernos, au existiendo partidos de oposición fuertes; pero nadie esperaría de ellos que debiliten (o desplacen) a un gobierno o bien se conviertan en una salida política a mediano o a corto plazo. La flexibilidad del sistema político argentino, se muestra así en su perfil que no parece cambiar al menos por un tiempo. 
Son más que evidente, entonces, las características políticas el enfrentamiento entre Moyano y su gente y Cristina Fernández y la suya. Nadie podría sostener que la posibilidad de un paro general, la alimenta el deseo de bajar el mínimo imponible en salarios para el pago de ganancias. Será pues, como casi siempre, un paro político. Así calificaban y se enfurecían en el gobierno de Alfonsín a cada uno de los 13 paros que le realizó la CGT de Saúl Ubaldini. Así se movió la otra tradición sindical, la vandorista, hasta el golpe del 76. El movimiento obrero organizado en torno del peronismo sabe que es un frente político con fuerzas importantes, con capacidad de movilización y por lo tanto actor a respetar por parte del poder político. A veces, es cierto, ignora sus límites. Todos esos líderes sindicales, donde también podemos incluir a Lorenzo Miguel, a Rodolfo Daer (algún escalón más abajo) Victor De Genaro y muchos otros más, no agendaron en su momento que la construcción de ese poder sindical, obrero, social, no se ha traducido en poder político. Salvo que uno cuente al verticalismo de Lorenzo Miguel detrás de Isabel entre agosto de 1975 y marzo de 1976, (pero no creo que se piense como una experiencia a repetir) el poder sindical fue eso, el poder del movimiento social más importante del capitalismo, el obrero, pero que no está destinado a ese poder político que aun siguen ejerciendo los partidos y sus dirigentes. Alfonsín creyó que regalándoles el Ministerio de Trabajo al sector mas dialoguista (aquellos a los que había acusado del pacto sindical - militar) el problema se solucionaba y no hizo sino apurar los tiempos de la derrota.
Entiendo las circunstancias, preocupantes, en las que se encuentra el conflicto hoy. También las presidenciales de 2015. Pero por la misma tradición se me ocurre que el sindicalismo puede reparar en sus propios límites históricos y estructurales y el gobierno leer el mismo libro, para notar hasta dónde ese poder puede llegar, como para morigerar el temor a su crecimiento. El contexto económico otra vez no ayuda; o tal vez hay que pensar que la economía desfavorable propicia que el río comience a revolverse. En cualquier caso la escalada del conflicto dejará otra vez heridos innecesarios y un sacudón dentro del peronismo gobernante que no le ayudará a fortalecer el proyecto. En la propuesta de Torre, es un conflicto al interior de ese sistema que sería el peronismo; del mismo modo la búsqueda de aliados por fuera, extremadamente circunstanciales, enfoca en la misma, negativa, dirección.

2 comentarios:

Daniel dijo...

Excelente análisis.
Ahora, cuando se caiga, que no se le ocurra venir a Independiente a Huguito, por favor!

Sergio De Piero dijo...

Gratie. o dijo con Bonelli "el rojo" mencionó en un momento, no quiero asustarlo