domingo, junio 01, 2014

París, París.

Empezaba el inolvidable, y no por buenas razones, año 1989. El gobierno de Raúl Alfonsín comienza a ver como se encienden una a una las luces rojas de las variables económicas, a la par que su apoyo político comienza a decrecer. Libera al dólar, cambia ministro de economía y busca en el FMI, una ayuda monetaria adicional. No lo consigue. Los dirigentes radicales siempre han dicho que Domingo Cavallo intercedió ante el Fondo para que éste les negara ese crédito en medio de lo que ya era una situación grave, que a partir de allí fue insostenible. El caso es que sin ese apoyo financiero, sin reservas en el BCRA, con el dolar disparado y la inflación subiendo, el radicalismo solo podía elegir en que fecha le entregaba el gobierno a Carlos Menem, cuando este anunció, poco después de las elecciones del 14 de mayo, que estaba listo para asumir (palabras innecesarias, por cierto en esa situación).
Vamos a repetir una vez más una máxima que aquí se tiene: "En ciencias sociales, no hay mejor laboratorio que la historia". Argentina tiene hoy debates, tensiones, problemas diversos en su economía. Como si la historia se emperrara con los meses, el enero de este año, fue realmente una montaña rusa, cada vez mas peligrosa e incierta. El gobierno salió, con los costos del caso; estos fueron entre otros, la devaluación, golpes en los precios, caída del poder adquisitivo. La hipótesis que defendemos también, es que luego de un mes con policías acuartelados, medio GBA sin luz y el dolar disparándose, el resultado pudo haber sido, muy, muy otro. Y no fue. Y vale recordar que no solo fue trágico el año 1989; también 1959 (Frondizi y Alsogaray); o 1975 (Isabel y Celestino Rodrigo) o 1982 (militares en el post Malvinas) o 2001 (Cavallo y De La Rúa.). Si nos gustan los ciclos de la historia, hemos tenido varios de estos puntos trágicos. 
Lo que materializa el acuerdo con el Club de París, es la capacidad del gobierno de aun en un contexto complejo, mantener la iniciativa política para negociar y llegar a un acuerdo razonable. La primera muestra de ellos es el silencio de todos los economistas del establishment que no saben qué decir. A Redrado se le ocurrió expresar que los del Club de París firmaron "por cansancio", porque estaban aburridos digamos. Un periodista de Clarín, afirmó que Kicillof, se limitó a decir a todo que si. La desesperación de la prensa por el "caso Boudou" es otra muestra de la debilidad frente al acuerdo. (más allá de las consecuencias políticas que el caso mas adelante pueda traer)
Sin embargo., podría decirse que:
1. El gobierno logró cerrar un acuerdo, cundo no está en su mejor momento económico, pero que deben haber otras señales que el debate cotidiano está pasando por alto (¿Vaca Muerta?)
2. Lograr que el FMI quedara al margen, indica que ciertas fortalezas del país en términos políticos y económicos no deben ser menores.
3. La invitación hecha por Rusia a la cumbre de los BRICS, es una señal más que importante en esa línea. 
En suma, luego del enero caliente, el gobierno ha ido en la marcha de recomponerse de aquellos golpes, y se aleja lentamente, pero no con gestos sino con hechos, de los históricos desastres que hemos tenido en estas pampas desde hace 60 años. No me parece poco. . 

1 comentario:

Dany Turco dijo...

Dotorrr... el ataque del mercado fue bestial.Apoyado por la oposición boba ( no todos los dirigentes, pero si por dirigentes de todos los partidos )y fogoneado por los medios. Sin dudas es un gobierno fuerte; en otras épocas no sé lo que hubiera pasado. El acuerdo de París dejó duro a Lanata que llegó a cuestionarse al aire si estaba "leyendo mal " los diarios. Y la absurda crónica de Clarín, con la imagen de los banqueros cabeceando de sueño y Kichiloff dele hablar durante 18 hs. es digna de película de Fellini. Me hizo acordar a la confesión de Chiche Gelblung, que inventaba situaciones cuando lo mandaban al exterior de cronista.