viernes, octubre 25, 2013

¿A quién vas a votar?


En la biblioteca de mi viejo había un libro, debe estar en alguna parte de la casa aún, que se llamaba Los Motivos del Voto; lo miré alguna vez y recuerdo que, americano el autor, trazaba hipótesis racionalistas y matemáticas, para poder descifrar los proceso mediante los cuales una persona terminaba decidiendo su preferencia, como les gusta decir por allí. 
Creo, de onda, que eso no sirve para mucho. Es muy complejo comprender el modo en que se dan esos proceso en los cuales terminamos optando por alguna de las ofertas o por ninguna. Uno creería que los hechos juegan un rol siempre central y no. Conozco una persona, docente de nivel primario, cargo titular, tiene dos cargos, vive sola, sus hijos ya son grandes. Pudo ahorrar en los últimos 5 años y comprarse un terreno. Hace unos meses se anotó en el plan PRO.CRE.AR. Salió sorteada. Empezó su casa; en unos meses más se muda. Odia al kirchnerismo; cree que son lo peor y que nunca la ayudaron. Vota, creo a los radicales y GEN, en provincia de Buenos Aires. 
Y está otra persona, la cual no tienen un nivel de vida económico, muy de acuerdo con sus posibilidades o expectativas; mirando su trayectoria laboral y de estudios podría tener un mejor pasar del que tiene, y vota al oficialismo (nacional, al kirchnerismo) en la CABA. Y así nos podemos pasar la noche. 

Weber no creía en las acciones colectivas, sino en la acción de muchos en un mismo sentido, pero que cada uno desarrollaba su propio proceso de decisión. Marx, pensaba que si una persona optaba sólo por aquello que lo beneficiaría materialmente de acuerdo a ala clase que pertenecía si estaba desarrollada una conciencia de pertenencia a esa clase; si votaba o apoyaba acciones contra sus propios intereses, en realidad era llevado por la "falsa conciencia" (la vuelta más mística que se le puede conocer a Marx). Y escuchando explicaciones de este tipo nos podemos pasar lo que queda del año. 

Porque aceptar el voto del otro como una decisión racional, es parte de ese pacto democrático que nos dimos para impedir cosas peores. Lo aceptamos, aun cuando nos parecen absolutamente irracionales algunas elecciones políticas; cuando al oír una opción electoral, nuestra pregunta está cargada de incomprensión e interrogamos como si no hubiésemos oído bien ¿a quién???. Por eso la máxima "el pueblo nunca se equivoca" en realidad no remite a una cuestión de verdadero/falso, como si la opción de la mayoría o de la primera minoría representara una opción por la verdad histórica, sino que esa opción es inapelable: nadie puede señalar como equivocada a esa decisión y en nombre de una legitimidad superior, impugnarla. Porque, por lo motivos que fueran (falta de información, evaluaciones superficiales, odios, amores) a veces las decisiones electorales pueden acarrear consecuencias que el mismo elector ignora. Y esa es a parte menos divertida de lo inapelable de la soberanía popular.    


Vajilla en el Museo Palacio San José, Entre Ríos. Foto propia

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