jueves, marzo 07, 2013

Sombra terrible de Chavez. ¿Sólo sombra?




Las lecturas, observaciones y miradas sobre lo que ha ocurrido en Venezuela (y lo que va a ocurrir) son desde luego interminables. Hay, sin embargo un aspecto, hoy, inigualable y se llama, simplemente, Hugo Chávez. Sin exageraciones se puede afirmar que fue el hombre que dio vuelta la política venezolana. Fue, casi, un accidente de la historia: en el país de los consensos entre los partidos políticos, irrumpió él. Y ahora todos se preguntan, nos preguntamos, qué sucederá en Venezuela, sin su conducción. “El carisma de Chávez no podrá sostenerlo ningún otro”. Afirmación en la que seguro coincide todo lector. ¿El proceso político bolivariano puede terminar, ya sin Chávez? Esa ya es una cuestión más compleja.



La pregunta se ha alzado inmediatamente después de su muerte y sostenido sobre la convicción del rol central jugado por el carisma de Chávez. Este logró un contacto, una lectura del lenguaje popular, que ningún presidente venezolano había desarrollado hasta el presente, más bien influenciados por el propio modo occidental de hacer política, entre institucional y distante de lo popular. El “cara a cara”, lo festivo, asumir las costumbres más populares para comunicarse. El liderazgo carismático, dice Weber, se apoya en el mundo de lo afectivo, en lo “sobrenatural” siempre afirmando que los sentimientos y las emociones están más allá del límite de lo racional. Para buena parte de la biblioteca politológica este tipo de relación entre un líder político y la sociedad, es un claro indicio de fascismo, o al menso latente, por que ante este seguimiento que suponen incondicional al líder, éste dispondrá de las libertades de sus ciudadanos.



Continuando con esta visión, Venezuela ingresaría inmediatamente en una zona de conflictos, pues los actores políticos ahora en escena, se disputarán el lugar de ese liderazgo que ocupara Chávez, aunque probablemente sin éxito; así se vería el fracaso del socialismo venezolano y la política retomará la senda de la “normalidad”. Salvo que surgiera un nuevo dirigente carismático del mismo tenor, que resolviera esta conflictividad.



Pero existe otra forma de mirar el proceso, por cierto mucho más lejanas a las elucubraciones de manuales, y más cerca de una mirada material sobre lo ocurrido en Venezuela. Las interminables filas de venezolanos lloran efectivamente a Hugo Chávez.; hay, como sucedió con tantos líderes un profundo sentimiento que bien puede llegar al amor (¡ay! de amor en política!). Pero esa gente, mientras camina hacia la capilla ardiente, recuerda también las políticas de Chávez. Recuerda las misiones (así llamadas las políticas públicas que pusieron énfasis en lo social) vinculadas a la educación, a la alimentación, a la salud. Piensan en lo que cambió su vida cotidiana desde la llegada de ese hombre al poder. Recuerdan el Caracazo de 1989, cuando sólo recibieron balas de la policía. Si Chávez solo hubiese cantado canciones populares, como hacia Abdalá Bucaram, por caso, hubiese corrido la misma suerte de aquel.



El Partido Socialista Unificado de Venezuela, se enfrenta ahora a un desafío sin duda. El problema no será reemplazar el carisma de Chávez por otro. La cuestión implicará una estrategia de poder detrás de Nicolás Maduro como nuevo líder político, y por sobre todo, muy por sobre todo, seguir avanzando en la recomposición social y económica de Venezuela. Si las políticas logran seguir reduciendo la exclusión social, si Venezuela logra fortalecer su economía, el liderazgo de Chávez será la piedra donde se apoyó todo el edificio de una sociedad más justa. Aquí en Argentina les llevó 35 años destruir la orientación económica y social que planteó el peronismo (con un líder exiliado durante 18 años y muerto mucho antes de que el neoliberalismo arrasara).

Hoy conmueve la emotividad el pueblo venezolano con su conductor. Mañana veremos el modo en que los actores pueden moverse, sobre un país transformado, por mucho más que algunas canciones.



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