martes, enero 08, 2013

La política, sin énfasis



Recuerdo haber leído un reportaje a Victor De Genaro hace varios años donde optaba por comparar a la política con un partido de fútbol antes que con el juego de ajedrez; mientras  este último implica un número acotado de jugadores y prima la razón, el cálculo, en el fútbol el espacio se amplía y entran en juego la estrategia, el roce, el esfuerzo, la garra. En esa comparación, decía más o menos De Genaro, la política debería tener mucho más de esto último y menos de un juego de élites.
La discusión es tan vieja como la política y aprovechemos el verano para decir algunas cosas, en donde se incluye, desde luego al peronismo y al kirchnerismo.
Periódicamente podemos leer columna en La Nación en particular, de varios intelectuales (Luis Alberto Romero, Marcos Novaro, Álvaro Abós, algún pasaje de Beatriz Sarlo, entre varios) profundamente preocupados por los componentes irracionales que estaría explotando el kirchnerismo, en particular luego de la muerte de Néstor. Ese componente que apela a las pasiones antes que a los intereses (racionales) es para los autores y para una parte de los intelectuales la explicación última del peronismo; es la explicación de cómo arribó en nuestras tierras la sociedad de masas a la política, mientras que en Europa, por caso, lo habrían hecho de modo totalmente irracional salvo por (ay!) ese episodio del nazismo y que se yo. En cambio aquí el vehículo de inclusión fue lamentablemente el peronsimo, el que se avivó, según Germani, de la existencia de una masa disponible. Por eso, afirman. La masa va a los actos por un choripán, porque si racionalizaran sus intereses no se dejarían arrastrar por los políticos del peronsimo, que sólo apelan a imágenes emotivas. Recuerdo, lo juro, a una colega afirmar en un congreso de ciencia política, que los “pobres consumen bienes simbólicos”; con la foto de Perón y Evita (y ahora de Néstor) alcanzaría para congregarlos y conducirlos.  

Porque las clases medias y dominantes no se dejan arrastrar por las pasiones cuando hablamos de política. Saben de modo casi artesanal escindir cualquier reacción emotiva o pasional a la hora de discutir y decidir en política y economía. (Recordemos a Hobbes, a Locke, a Montesquieu). Por eso la política, nos dicen aquellos columnistas, debe ser poco más que un acto administrativo y técnico; sin énfasis, donde nos dediquemos exclusivamente al cumplimiento de normas y procedimientos: si todos cumplimos las reglas, otra que el mundo feliz. En los ’80 convencieron a Alfonsín de que la democracia, como proceso de toma de decisiones, alcanzaba para garantizar el desarrollo; no era necesario plantear la relación con los actores sociales.
Como decía, la discusión en antigua. Y forma parte de la resistencia del ingreso de las masas a la política.

2 comentarios:

Sujeto dijo...

Estimado Sergio
Más que política sin énfasis, lo que algunos buscan es la política sin vida: la de una "racionalidad" sólo signada por la conveniencia, por lo general en sintonía con las "buenas prácticas" económicas, sociales, culturales, institucionales. No buscan dirigentes, sino buenos gerentes, porque asimilan gobernar con "administrar", lástima que el país no es un consorcio ni una empresa.
Abrazo

Sergio De Piero dijo...

"buenas prácticas" allí no hay política...