Y de pronto la calle se llenó de gente uniformada. Un gran manto verde. Y
la memoria impulsa conductas reflejas, lo que hizo casi imposible no ponerse
nervioso. La memoria propia de 80 años y la regional, más cercana y
preocupante. Entiendo las reacciones, algunas palabras; creo, con todo, que el
acto reflejo jugó una mala pasada. No corresponde poner vino nuevo en toneles
viejos, como decía el barba. Los golpes de Estado nunca fueran una mera
voluntad de las armas, sino la pugna por modelos político económicos, en donde
uno de los actores no encontraba otra salida
que recurrir a los cuarteles. Un movimiento de fuerzas de seguridad en este
caso, no implica necesariamente que detrás esté algún proyecto autoritario
merodeando la zona. Como tampoco quiere decir que algunos que sí tienen un proyecto
político no soñaran de pronto con que se les abrían las puerta del cielo. (Los mismos periodistas que decían que era solo un conflcito salarial, no paraban de entrevistas al carapintada Rico). Aparecieron
algunas solidaridades; algunos portales de noticas informando que se estaban
plegando a la protesta incluso unidades militares, del Ejército por caso. O que
había grupos de ciudadanos presurosos por acompañar a “nuestras fuerzas de
seguridad”. Pero no pasó nada de eso. La protesta continúa y parece cada día más
encajonada en dos canales muy claros: lo salarial y lo institucional. Se notó
en la manifestación callejera en la zona de Retiro, el rechazo a los jefes en
ambas fuerzas, hay una ruptura, o algo por el estilo, horizontal. Pero lo salarial
impacta directamente en la institución, porque lo que el decreto 1305 fue a
hacer, era el intento de poner orden en un escalafón salarial sin sentido: se habla
de subordinados que cobran más que sus jefes, o agentes con la misma función y
sueldos con enormes disparidades. Se mencionaron también, salarios de 5
dígitos, y el número 1 no sería el primero; eso sucedió por amparos judiciales
y magistrados que comenzaron a fijar sueldos. Una locura administrativa. Que
puede impactar en el resto de la administración pública.
Pero cuando la confusión todavía
reinaba, desaparece un testigo en el juicio por el asesinato de Mariano
Ferreyra. Era mucho. La sensación que pareció reinar en un momento era la necesaria
conexión entre un hecho y otro, porque no podían producirse suceder acontecimientos
tan extraordinarios de manera aislada. Sólo nos quedarán hipótesis. Por suerte
apareció Severo.
Lo que también nos quedan son los
ánimos alterados. De aquí a fin de año, marchas, protestas, recuerdos y esperable
vigencias de leyes y artículos, nos acompañarán. La semana pasó. Las que nos
esperan, continuarán esta conflictividad compleja en sus expresiones, en sus
actores y en sus destinos finales.
2 comentarios:
Sergio, muy buen post como nos tenes acostumbrados.
Hay que rescatar que desde los medios que le daban bombo al conflicto no encontraron eco en la oposición, es un dato destacado para nuestra democracia.
Saludos!
Gracias!
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