Lo aclaro: no se sobre la realidad política de Paraguay,
mas que el promedio de un politólogo que le interesa el tema latinoamericano.
Me pierdo pues, en los detalles de coyuntura, en algunos nombres, en ciertos
hechos. Pero.
El Senado por
abrumadora mayoría acaba de destituir a Fernando Lugo como presidente en una
votación que terminó con 39 votos a favor, 4 en contra y dos ausencias. El
elemento más claro que la votación nos deja, es el aislamiento de Lugo del
sistema político.
Recordemos, Lugo
alcanzó la presidencia por varias razones y ejercicios. Obispo católico, tuvo
una relación cercana con sectores campesinos y se inscribió en lo que suele
conocerse como las corrientes del catolicismo vinculada a la teología de la
liberación, aunque el marco es más amplio y abarca a las posiciones de una
Iglesia popular o en la opción preferencial por los pobres. La trayectoria es
importante en América latina y conocemos otras experiencias. Bien, eso ligado a
su biografía personal; el términos políticos su imagen fue creciendo a partir
que desde la filiación al pequeño Partido Demócrata Cristiano logra posicionarse
como candidato a la presidencia y allí establece la doble alianza para que ello
sea posible y destronar el Partido Colorado luego de 60 años en el poder: su
acuerdo con los movimientos sociales , básicamente campesinos, y con el Partido
Liberal Radical Auténtico (PLRA), principal opositor a los colorados, con un
perfil de centro, con pociones de derecha.
El resultado fue
la victoria de Lugo en 2008. Pero al sillón presidencial llegó con la debilidad
de una alianza muy heterogénea y con poco juego propio, más allá de su buena
imagen frente a la ciudadanía. Surge el tema de los hijos no reconocidos
(imposible en su condición de obispo) y comienzan a limarlo allí donde él tenía
su única fortaleza relativa. El asesinato de 17 campesinos en el norte de
Paraguay, terminó de distanciarlo, ahora del resto de su base de apoyo. Y ayer
fue destituido, aunque en una situación incierta, dada la reacción de los
países de la región.
Si Lugo hubiese
tenido detrás de sí un partido político (como Lula con el PT, Kirchner y el
FPV)), o un movimiento social estructurado políticamente (como Evo y el MAS) no
hubiese alcanzado con desgastar su imagen y el esfuerzo debía dedicarse también
en desmoronar su estructura política. Por ese motivo los otros líderes antes
mencionados construyeron sendos movimientos políticos y alianzas: ¿O acaso el
PMDB no se parece en parte al PLRA? ¿O no es le peronismo en varias provincias
que apoyan al kirchenrismo un movimiento conservador? Ese juego de relaciones y
alianzas es el que les permite seguir gobernando en países donde la inestabilidad
ha sido la regla durante 60 años. ¿Es necesario recordar el conservadurismo del
PMDB con el que Lula tuvo/pudo gobernar? El ánimo destituyente ronda por varias
cabezas en cualquier país en el que uno piense; pero cuando las oportunidades
políticas son pocas, o los costos de realizarlo son muy altos, el ánimo de
emprender la tarea decae. En el caso de Paraguay, hoy por hoy, alcanzó con un esfuerzo
moderado, pero que incluye el asesinato de 17 campesinos.
El golpe “institucional”
dado en Paraguay nos vuelve a recordar acerca de las alianzas institucionales que
los movimientos sociales deben realizar si desean participar en espacios de
poder estatal. Desplazar al sempitero Partido Colorado fue un logro monumental;
pero continuar en el gobierno, era parte de otra historia.
También nos
recuerda la necesidad de los partidos, para seguir gobernando, de generar y
sostener alianzas múltiples y no estimular las salidas individuales.
Porque lo que
sucedió en Paraguay ha sido la emergencia de una derecha que opta por los
pasillos “legalistas” para legitimar acciones políticas antidemocráticas. Y eso
no es para descuidar
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