El o los
conflictos que nos tocan vivir estos días, parecen confirmar la hipótesis de
Juan Carlos torre: el peronismo en un sistema político en sí mismo. La
inexistencia de una oposición política al gobierno cede terreno a las
representaciones económico - sociales: antes a las cámaras agropecuarios,
ahora, al sindicalismo. Desde luego ambos pueden tener capacidad de presión
sobre los gobiernos, au existiendo partidos de oposición fuertes; pero nadie esperaría
de ellos que debiliten (o desplacen) a un gobierno o bien se conviertan en una
salida política a mediano o a corto plazo. La flexibilidad del sistema político
argentino, se muestra así en su perfil que no parece cambiar al menos por un
tiempo.
Son más que
evidente, entonces, las características políticas el enfrentamiento entre
Moyano y su gente y Cristina Fernández y la suya. Nadie podría sostener que la posibilidad
de un paro general, la alimenta el deseo de bajar el mínimo imponible en salarios
para el pago de ganancias. Será pues, como casi siempre, un paro político. Así
calificaban y se enfurecían en el gobierno de Alfonsín a cada uno de los 13
paros que le realizó la CGT de Saúl Ubaldini. Así se movió la otra tradición
sindical, la vandorista, hasta el golpe del 76. El movimiento obrero organizado
en torno del peronismo sabe que es un frente político con fuerzas importantes,
con capacidad de movilización y por lo tanto actor a respetar por parte del
poder político. A veces, es cierto, ignora sus límites. Todos esos líderes
sindicales, donde también podemos incluir a Lorenzo Miguel, a Rodolfo Daer
(algún escalón más abajo) Victor De Genaro y muchos otros más, no agendaron en
su momento que la construcción de ese poder sindical, obrero, social, no se ha
traducido en poder político. Salvo que uno cuente al verticalismo de Lorenzo
Miguel detrás de Isabel entre agosto de 1975 y marzo de 1976, (pero no creo que
se piense como una experiencia a repetir) el poder sindical fue eso, el poder
del movimiento social más importante del capitalismo, el obrero, pero que no
está destinado a ese poder político que aun siguen ejerciendo los partidos y
sus dirigentes. Alfonsín creyó que regalándoles el Ministerio de Trabajo al
sector mas dialoguista (aquellos a los que había acusado del pacto sindical -
militar) el problema se solucionaba y no hizo sino apurar los tiempos de la
derrota.
Entiendo las circunstancias,
preocupantes, en las que se encuentra el conflicto hoy. También las
presidenciales de 2015. Pero por la misma tradición se me ocurre que el
sindicalismo puede reparar en sus propios límites históricos y estructurales y
el gobierno leer el mismo libro, para notar hasta dónde ese poder puede llegar,
como para morigerar el temor a su crecimiento. El contexto económico otra vez
no ayuda; o tal vez hay que pensar que la economía desfavorable propicia que el
río comience a revolverse. En cualquier caso la escalada del conflicto dejará
otra vez heridos innecesarios y un sacudón dentro del peronismo gobernante que
no le ayudará a fortalecer el proyecto. En la propuesta de Torre, es un
conflicto al interior de ese sistema que sería el peronismo; del mismo modo la
búsqueda de aliados por fuera, extremadamente circunstanciales, enfoca en la misma,
negativa, dirección.
2 comentarios:
Excelente análisis.
Ahora, cuando se caiga, que no se le ocurra venir a Independiente a Huguito, por favor!
Gratie. o dijo con Bonelli "el rojo" mencionó en un momento, no quiero asustarlo
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