Y cayó la bomba. Y la onda expansiva parece no tener límites
de ningún tipo. Gobiernos, organismos de crédito, diarios, centros académicos de
casi todo el mundo occidental, (no omitir el adjetivo) opinan sobre la
expropiación de la empresa petrolera, sin la cual Repsol, volverá al rubro del
maxiquiosco. Algunas encuestas telefónicas hablan de una apoyo entre el 70 y el
80%. Esta circunstancia obliga a la creatividad lingüística, para oponerse a la
medida. Mucho más porque casi no hay sector social y político que no reclamara
la estatización.
No se han oído, salvo que uno incluya en el rubro de los intelectuales
a los economistas, voces en contra directamente de que YPF vuelva a manos del
Estado, así como concepción. Lo que sí existe, desde luego, son las oposiciones
en "estas circunstancias". Creo que las principales son dos.
La
primera aparece hoy en La Nación Luis Alberto Romero, establece uno de los criterios
para el rechazo: el problema es que Argentina no tiene Estado y hasta tanto no
lo reconstruya, hacerse cargo de una empresa como YPF, solo servirá para
empeorar la situación 8loq eu implica el supuesto de que Repsol puede recuperar
la situación actual de la empresa). El Argumento de Romero, es un claro reflejo
de la lógica de la Tercera Vía de Antonhy Blair: el Estado no debe meterse con la
economía, solo transparentar sus acciones, respetar la seguridad jurídica de
las empresas y esperar que el mercado solucione la cuestión. A eso le llama fortalecimiento
estatal. Y nos regala: "Mantener bajos los precios de los combustibles
provocó un desajuste en la empresa." La culpa de la ineptitud de Repsol es
de los consumidores por pagar "barata" la nafta
La segunda es más simple y banal: los peronistas son todos
ladrones. Este es un gobierno mafioso y lo único que hace es buscar donde
sacar dinero, para un día, quien sabe, viajar a marte a disfrutarlo. Lo dice
Martín Caparros en su blog de El País de España (ejem) y se suma una cadena de biempensantes
que alaban la estatización de YPF pero que ´"Esta no es la manera".
Todo lo correcto, según este ancho mundo del pensamiento, sería si la Argentina
se limitara a ser como sus manuales escritos por fuera de la historia, una en la que no existe ni el peronismo, ni los sindicatos, y otras especies desagradables y todos hacen lo que ellos, el oráculo, exponen.
En ninguno de los dos casos, como se puede ver, se trata de argumentos nuevos. Ni corresponden a un sólo sector ideológico de la Argentina.
1 comentario:
Romero y Caparrós podrían consensuar un artículo si acordaran que Estado y gobierno son igualmente malos si están en manos de estos K, je.
Publicar un comentario