Un hecho del siglo XIX, un hecho que si no fuese
por una calle del barrio de Belgrano, apenas se hubiese recordado hasta hace
unos años. Algunos historiadores vienen muy enojados porque el gobierno
nacional ha decidido reivindicar la batalla de la Vuelta de Obligado,
consagrando al 20 de noviembre día de la soberanía nacional. Y claro, detrás de
la batalla está Rosas, "la recóndita araña de Palermo" como lo llamó
Borges. Ya hasta ahí llegó la "tolerancia" de los historiadores
digamos del estamento, para con el gobierno. Hasta allí le habían criticado
medidas aisladas, habían apoyado a los sectores agrarios en la 125, como el
caso de Luis Alberto Romero, pero no habían firmado manifiestos o solicitadas
que es el medio de lucha por excelencia de todo intelectual. Ahora ese encono
se desató con la creación del Instituto Nacional de Revisonismo Histórico
Manuel Dorego, presidido por Pacho O'Donnell. Pero en realidad el punto de
partida es anterior. Fecha aproximada 1943, exacta asunción de Juan Domingo
Perón a la presidencia en 1946. Todos los intelectuales (algunos parientes de
los firmantes de ahora) habían militado junto a la Unión Democrática, en contra
del fascismo que según ellos encaraba el coronel. Y perdieron. Y cuando asumió
se mantuvieron expectantes pero por sobre todo buscaron evitar por todos los
medios que el Estado "invadiera" un campo que le era propio. El
gobierno podía regular la circulación de carne, granos, zapatos, petróleo,
bicicletas y papel. Pero no el campo intelectual. Porque ese campo lo
construyen y delimitan los mismos intelectuales (busquen en los libros de
Boudeau) y no se va a permitir que el Estado meta mano en eso. Marcan el
territorio, como los gatos. Como bien ilustra el libro Intelectuales yPeronismo, de Flavia Fiorucci, los intelectuales se negaron incluso a que Perón
generara políticas que los favorecía como regular el poder de las editoriales.
La autora dice otras cosas que no comparto (repite demasiadas veces la
expresión "torpeza de Perón con los intelectuales") pero señala
también con claridad, que los intelectuales del período no estaban de acuerdo
con abrir el campo a extraños, entre ellos las clases en ascenso a las que el
peronismo les estaba dando un lugar en la escena nacional.
Más de medio siglo después, aunque ahora
reconozcan la capacidad democratizante del peronismo, advierten en cada acción,
la propensión al fascismo. Lo hicieron ante la muerte de Néstor Kirchner,
cuando no dudaron en calificar a la movilización popular como
sensiblería, y hasta de juventudes hitlerianas, lo que implica negarle al
kirchnerismo un papel dentro del juego democrático, porque estaría trasvasando
sus límites. Ahora insinúan que la creación del Instituto, es prácticamente la
conformación del unicato histórico. Han firmado una carta colectiva que,
curiosamente, solo pude encontrar de manera completa en el Diario La NuevaProvincia ¿El Instituto va a cambiar en algo los programas de las carreras de
historia en las universidades argentinas? ¿Sólo quien es miembro del Instituto
podrá concursar un cargo docente? En
cambio sus padres ideológicos sí pasaban lista a la hora de hacer los
“democráticos” concursos docentes en la UBA de 1955/58 (imperdible
investigación del libro de Federico Neiburg Los intelectuales y la invencióndel Peronismo. El que era sospechado de haber participado de alguna actividad
del “régimen” no tenía la menor posibilidad de ganar).
Es más, cabe preguntarse: ¿cuál ha sido el grado
de apertura de los firmantes en sus investigaciones históricas? Muchos de ellos
han escrito excelentes libros. Peor poco han concedido lugar a otras corrientes
históricas: el manual de Luis Alberto Romero Breve Historia Contemporánea de laArgentina, no cita ni a un solo exponente del revisionismo (hasta nombra a
marxistas). No tengo a mano los numerosos fascículos que ha dirigido para le
diario Clarín, no recuerdo el contenido al respecto.
Es más, en general difícilmente en sus programas
de las materias que dictan, tengan la apertura que demandan. Desde luego no es
lo mismo el Estado que un profesor. Pero no quisiera imaginármelos como
ministros de cultura o educación.
Como ejemplo: ninguno puede negar la importancia
presupuestaria que el Kirchnerismo le ha otorgado al CONICET, el mismo que la
Alianza quiso arrinconar con el ajuste, persiguiendo a sus investigadores a ver
si ganaba un peso más de lo correspondiente.
Pero el FPV no sólo ha reposicionado al CONICET, los intelectuales
críticos deberían reconocer que no ha intervenido en la interna del organismo. Esos
intelectuales que dominan la institución desde 1983, no han visto amenazado su
poder, que se les respetado el campo, siendo al día de hoy, notable mayoría
numérica y con marcado dominio ideológico epistemológico. Puedo hacer una lista
larga, muy larga de quienes han sufrido esa situación.
Se ha creado sólo un espacio que nuclea a
divulgadores de la historia, ni se si estoy de acuerdo o no., pero cuyo impacto
será la producción de algunos textos y alguna polémica, porque el campo
historiográfico e intelectual en la Argentina es lo suficientemente vasto para contener
todo esto, sin necesidad de bajar a nadie de ninguna aprte. Eso es todo.A ver cuando dejan de mirarse el ombligo
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