En un par de horas se producirá
el segundo "cacerolazo" del año, en contra de las políticas del
gobierno nacional. Los debates acerca de los niveles de espontaneidad, tienden
a aburrirme. Del mismo modo reivindicar que lo bueno es “que la gente se
expresa”. Ni te digo escuchar afirmaciones del tipo “Cristina debe gobernar
para todos”.
Vayamos pues por otros cauces. Qué
puede pasar de aquí en adelante con estas protestas, que es, me parece, lo
realmente importante. Esta protesta se conecta con algunos otros hechos del
pasado reciente que la vinculan por los actores sociales que se están
movilizando, y por el “espíritu” que las recorre. (Espíritu digamos, como lo
entendía Mosntesquieu, respecto de las leyes, es decir lo que está por detrás,
lo que las alimenta).
Su pariente más cercano, son las
movilizaciones en rechazo a la 125; aunque las organizaciones participantes de
la Mesa de Enlace, no hayan expresado un apoyo institucional al 8N, no cabe
duda de las simpatías. Ni tampoco de las solidaridades que obtuvieron de los
sectores medios urbanos. En el 2004, la marcha convocada por juan Carlos Blumberg,
reunió a un número importante de gente en la Plaza de los dos Congresos, en
favor de mayor seguridad y de endurecimiento de las condenas. Aunque represente
sólo a uno de los espacios que hoy se movilizan, los pequeños grupos que en los
’80 se movilizaban en contra de los juicios a los militares por violación a los
derechos humanos. Puede que exista alguna otra referencia.
¿A dónde conduce esta cuestión? ¿A
decir que se trata todo de lo mismo? No, sino de la notable diferencia con el
cacerolazo del 8N: no está en tensión una política tangible. Decir “Seguridad”,
“Libertad” (en una democracia), “No a la corrupción” es plantear generalidades
cuya traducción en políticas ni siquiera puede ser percibido en lo inmediato.
La no reforma de la Constitución Nacional, no planteada, no está muy lejos de
esa perspectiva. El problema mayor de los cacerolazos es que su horizonte se
desdibuja, a medida que avanzan. Puede subir su nivel de rechazo al gobierno nacional,
pero no especifican los que quieren, están, en ese aspecto en una instancia pre
política. Y al no poseer esa tangibilidad necesaria, no sabrán cuando lo habrán
obtenido; ¿Un país sin inseguridad? El gobierno ha disminuido las cadenas
nacionales a sabiendas que parecen irritar a estos sectores; ¿liberar el mercado
cambiario sería para ellos un aliciente? Sí, pero además de poner en juego
variables económicas, no parece que acabara con el movimiento. El gobierno no
puede conformar globalmente a un sector que no lo votó.
Si no encuentran eso tangible, el
movimiento, como decía en el post anterior, el movimiento se enfrentará a una
lenta descomposición. Salvo que su tangibilidad sea el fin del gobierno de
Cristina Fernández. Y allí la discusión es otra. Y más grave.

2 comentarios:
Bueno, Dotorrr... pasado el 8N, habiendo logrado la oposición y varios sectores de poder económico y de comunicación un importante movilización, en base a sobredimensionar algunas problemáticas reales e inventar otras, la ensalada de reclamos se convierten en uno solo: hay que bajar a Cristina. Dictadora, corrupta y montonera... ese es el objetivo. Y le digo que hay gente con la cabeza más cerrada que nunca.
Esa sinrazón es su mayor peligro y su mayor problema
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