Hace años, más de veinte, entré a
una librería que ya no existe y quedé impactado por la tapa de un libro de
fotografías. Se llamaba "Los Argentinos" y era de Aldo Sessa (antes o
después fue una importante exposición). La foto de la tapa correspondía a
Susana Giménez. Ahí entendí, al menos para mí, que el conjunto "los
argentinos" no existía, porque si la rubia telefónica, era puesta como la representación
de esa población, las exclusiones me parecían excesivas. Si yo tenía razón en eso, muchas reflexiones
en torno a nosotros mismos como país y sociedad, debería tomarlas siempre con
pinzas. Durante mucho tiempo creí, incluso, que el gentilicio debía reservarse
sólo a los partidos de fútbol.
Ahora creo que no. Que a pesar de
la imposibilidad de fundir las prácticas sociales que transcurren en Recoleta, con
las de Tilcara (o las de Córdoba con Wilde y así) en los festejos del
Bicentenario me pareció ver que lo convocante eran otras cuestiones, incluso a
pesar de las diferencias. Y que entonces es posible hablar de “los argentinos”
sabiendo que en ese colectivo hay una heterogeneidad y diferenciaciones enormes,
pero también comunicaciones mucho más frecuentes de las que uno cree. No hay
identidad común, única, “ser nacional”, pero si espacio e historia compartidos.
Y evidentemente no soy el único que
cree en la importancia de “ser eso que nadie puede definir: argentino” (decía
Borges), porque numerosos hechos traen al espacio público la cuestión. El gobierno
lleva adelante políticas y las enmarca en nombre de los argentinos, de una construcción
en ese sentido. Este año ha puesto en debate nuevamente la cuestión Malvinas. Hace
días nomás lanzó un spot, vinculando Las Malvinas con los Juego Olímpicos en
Londres. (Luego de haber retirado la leyenda “Las Malvinas Argentinas” de la
camisetas de los competidores). Hay mucho más para decir, pero la cuestión es
que el intento de apoyarse en la nación está, y no vinculado a un “destino
manifiesto” o al “ser nacional”, sino a la construcción colectiva, a lo que uno,
lo que vincula: hay distinciones, pero aparece Argentina, no como una marca, no
para atraer inversiones, sino como espacio común. Digamos un nacionalismo sano.
Esto que resumí apretadamente, ha
despertado reacciones. El grupo Plataforma 2012, aunque con sus matices
internas, representa la crítica más importante a la cuestión. Por caso al spot
malvinero, lo han relacionaron inmediatamente con el nazismo: lo hizo Caparrós
en twitter y Sarlo en La Nación, donde relata el spot, a la cineasta nazi Leni Riefenstahl,
pero aclara que no es para comparar… Lo dijeron otros por distintos medios, argumentando
que “el retorno del nacionalismo” era en extremo peligroso, que el mensaje de
combinar deporte con política era propio de Hitler, etc. Pero hay más: esa
tendencia no es sólo del gobierno, sino propia de los argentinos. Afirma Sarlo:
“Los argentinos nos sentimos excepcionales y nos parecen normales las conductas
regidas por el vale todo". Desde luego Sarlo no piensa eso de sí misma,
sino de algo así como el 54% de la población. Pero, curiosa y contradictoriamente,
admite la existencia de “los argentinos” a pesar de su horror frente al resurgimiento
nacionalista. ¿Por qué la descalificación no va dirigida contra el gobierno, el
peronismo, los nacionalistas? Porque al igual que el resto de los miembros de
Plataforma 2012 y unos cuantos progresistas más no sienten que este país,
concreto, específico, existente, los represente y los contenga. Les parece que
un spot puede ser tildado de nazi, pero no emiten una palabra ante el envío de
un destructor inglés a Las Malvinas que puede disparar 120 misiles a la vez. (De
la misma nación que ha asesinado civiles en Afganistán o Irak, sólo por hablar
de la última década). Los horroriza “el brote nacionalista” pero no la vigencia
imperial, que se traduce también en el campo de las ideas y la política. Dan siempre
la impresión de creer que este país es un remedo de la sociedad que debería ser
y que la idea de lo colectivo, de apelar a espacios de pertenencia como la
nación, no son propios de sociedades avanzadas. Por eso no les hace gracia este
país, porque la construcción civilizatoria sigue presente en cada declaración
que se espanta de la barbarie reinante. No
me interesa revolver adjetivos para definirlos; no creo que sean cipayos o
antipatria. Creo que les es imposible comprender procesos colectivos, espacios
de pertenencia y convivir en las sociedades reales de nuestro tiempo. Porque,
aunque no les guste, también son argentinos.
7 comentarios:
Justo hace un rato leí la nota de Fernández Díaz en LA NACION del domingo.
FD debería leer este post.
Saludos!
Le digo?...
Salutti
Acataaaaa. Bueno, lo mio es minimalista. Sarlo pasó por alto que Leni era alemana, es decir, los documentales eran made in germany, mientras que el nuestro es de Y & R, no del INCAA. Un detalle.
Por el resto, el nacionalismo sano es como el cáncer benigno: un cáncer al fin.
Bueno, pero no te mata
No deja de ser interesante que se llame "intelectual" a doña sarlo, que ve a hitler hasta bajo las baldosas, no solamente no vea al destructor inglés (para volverla loca del todo, no vendría mal recordarle que en la guerra verdadera, los ingleses hundieron chatarra y perdieron, por hundimiento y averías graves, mucho "de lo mejor" de la época, como lo es este destructor HMS Dauntless, poderoso pero hundible) y la amenaza imperial; sino que tampoco ve que si hay condiciones de un hitler resucitado es en su amada Europa en crisis y ajustes...
Está mál un poco de nacionalismo? La Presidenta hace poco aludió a volver "a sentir el orgullo de ser argentinos". La derecha liberal ver fascismos en cualquier manifestación que huela a "nacional" vamos...Por otra parte, en España, Italia, y diría casi en general, siguiendo el razonamiento de "qué es ser argentino", TODOS se sienten españoles, italianos etc? pienso en los vascos, los catalanes, los andaluces, los gallegos etc. Vamos muchachos, con interrupciones, desde el '55 la sociedad argentina ha sido agredida de una manera tan feroz, que en lugar de pensarnos como colectivo, comunidad, sociedad, seguimos con eso de si somos o no argentinos. Alguien que vive en Recoleta seguro tiene poco en común con un habitante de la Puna, pero en la medida que no podamos sintetizar cualidades comunes, no vamos a encontrar similitudes ni con nuestros vecinos. Abrazo Dotor!
Que grande Zangrossi. Desde luego
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