viernes, octubre 30, 2015

Elecciones: el regreso del voto avenida

Una entrada muy corta, al calor de las elecciones y la nueva campaña y el balotaje. El PRO ha consolidado su voto en la Provincia de Buenos Aires. Ha logrado una caudal muy importante y nada menos que la gobernación de la provincia, mandato que retenía el PJ desde 1987.
En el muy buen trabajo que hace el diario La Nación, puede verse la distribución del voto, haciendo clik aquí. De lo mucho para analizar, podemos ver lo que hace un tiempo he llamado el "voto avenida". Los sectores que comenzaron a fugar su voto desde el FPV hacia PRO o Masa, provienen centralmente de las clases medias que viven en torno de los centros de los municipios del GBA. Las "manchas" que pueden verse en el mapa que pego mas abajo, dan cuenta de ellos (si bien aparecen pintadas de amarillo, por ser el PRO el ganador de la mesa, no descuidar el voto a Massa en esa misma zona). DE modo tal, no ha sido el voto "popular" de los sectores de la economía informal, los que dejan de votar al FPV/PJ, sino los sectores medios de esas zonas. (Interesante la recuperación de votos del FPV en Avellaneda donde subió 6% respecto de 2013 y Massa descendió 25%). Pero incluso en Quilmes, un distrito señalado como de importante derrota, el FPV subió 3 puntos respecto a 2013 en la categoría diputados nacionales. En cuanto a la 1º sección electoral (Norte de GBA) siempre fue menos presente el voto FPV, y se vincula también al liderazgo de Massa en la zona. 
Para comparar ver 2013 aquí y 2015 aquí
Hasta aquí un rápido análisis del voto, mientras imaginamos que puede suceder el 22N. 
Distribución del voto en AMBA. (clik en la imagen para ampliar)


jueves, octubre 08, 2015

Ahora que empieza la campaña, hablemos de clientelismo





El pasado sábado 3 de octubre Página 12 publicó una breve columna que escribí sobre las elecciones y el clientelismo, que usted puede leer haciendo clik. Pero quería dejar aquí una versión algo mas extensa con algunas aclaraciones mas precisas. 


Es el otoño de 1989. El candidato, Eduardo César Angeloz, llega a un barrio muy humilde del Gran Buenos Aires. Pobre, el término es barrio pobre y acaso con miseria. Saluda y se improvisa un acto en el que el candidato dice una pocas palabras. Mientras se retira le dice a uno de sus acompañantes "Por favor no me vuelva a traer a un lugar así que no se que decirle a esta pobre gente". 
La situación me la contó hace un tiempo un amigo radical que, creo, estuvo en ese acto. O se lo contaron, no me acuerdo. 

Se ha dicho ya casi como un lugar común que el radicalismo es el partido que surge con la clase media, o que surgió representando los intereses de los tenderos, algunos profesionales y medianos propietarios agrarios. Y que asentada sobre esa base, construyó su discurso desde el lejano 1890. Así cuando un dirigente de ese partido, interpela a una grupo de personas de aquel espacio socioeconómico, les reconoce los códigos y el "idioma" y puede existir una conexión y ellos se sentirán expresados y quizás representados. Raúl Alfonsín, entendió en 1983, que con ese público no le alcanzaba y fue capaz de construir un discurso que incluyera a sectores que nuca habían votado (y tal vez no lo volvieron a hacer) al radicalismo. 
Aunque la clase media no existe como "entidad social" y de ningún modo su conformación no es lineal (basta leer algunos trabajos, por ejemplo los de Adamovsky) de modo que no existe un solo lenguaje que la unifique, pero si elementos comunes que la convierten en un público posible de ser interpelado, en este caso por un candidato. (También, desde luego, por el mercado). 
Pero ¿qué sucede cuando un porcentaje relevante de la sociedad argentina, ya no se encuentra ubicado dentro de ese espacio simbólico e incluso material? Me refiero a una cifra específica: entre el 30 y 34% de los argentinos que trabajan lo hacen en condiciones informales. Estos sectores han recibido distintas clasificaciones a lo largo de la historia de las ciencias sociales: lumpenproletariado, marginales, cuantapropistas, excluidos. Claro, no todos los informales son pobres, aún estando fuera de ciertos circuitos (el sindicato, aportes jubilatorias, obra social) sus ingresos le pueden permitir un nivel de vida material aceptable. Pero globalmente se trata de la mayor herencia que años de neoliberalismo no legó, y no solo a nosotros sino a toda la región. La gran producción de puestos de trabajo formales, se encontró con este límite y la superación requiere de nuevas políticas, cuyo tema no es asunto de este post. 
¿Y cuál es el tema? El modo en que la clase política plantea su relación con los sectores informales, y en particular dentro de estos, con los pobres. La oposición y la mayor parte de la prensa ha califica a la relación entre el oficialismo y estos espacios como clientelar: las personas en situaciones de pobreza reciben un beneficio y su desesperación los lleva a votar automáticamente al peronismo, que los proveyó de una bolsa de alimentos y o un par de zapatillas. No existirían mayores complejidades para comprender los resultados electorales de nuestro país, nada menos, que desde febrero de 1946 al presente. Hoy, ante una realidad innegable como es la presencia de estos sectores informales, el gobierno nacional ha desplegado una cantidad de políticas específicas de transferencia de ingresos a esos sectores, dado que la superación de la instancia de informalidad, no parece tan sencilla de revertir. Obviamente la Asignación Universal por Hijo, el PROGRESAR, Conectar Igualdad, la extensión de quienes percibe una jubilación o pensión al 90% de los mayores de 65 años, en algunos casos el PROCREAR, presencia territorial efectiva (como los Centros de Integradores Comunitarios). Respuestas todas por "fuera" de los circuitos formales del mundo del trabajo y la producción y que trabajan directamente sobre estas poblaciones, transfiriendo ingresos, aquello que no consiguen en sus espacios de trabajo. En el medio, lo sabemos, existen prácticas estrictamente clientelares, de personas que buscarán apropiarse de bienes y espacios de poder para condicionar a los beneficiarios. La tecnología (las tarjetas bancarias) ha ayudado para morigerar esas prácticas, pero de seguro subsisten, porque en ocasiones la condición humana lo puede todo. Pero también es cierto que estas políticas, como también lo demuestran los estudios sobre el "clientelismo", generan prácticas e interacciones variadas, de diverso tipo y con un impacto muy heterogéneo, donde las construcciones sociales en el territorio, que se dan los propios vecinos y ciudadanos, juega un rol central; también de negociación.
A todo este verdadero universo de acciones, sentidos y pertenencias, escuchamos cada día por parte de opositores y periodistas (que tanto han contribuido en la formación de estas sentencias) que "la gente pobre va a votar por una bolsa de comida". Pero como le sucedió a Angeloz, 25 años atrás ¿qué les dicen esos mismos políticos a este vasto sector? ¿No han pensado en construir nuevos vasos comunicantes con ellos? ¿No piensan, no intuyen, que estas personas tendrán sus propias evaluaciones y visiones respecto a de esa relación y de la política en general? ¿Por qué asumir que son meros agentes pasivos y que no construyen algún tipo de racionalidad en torno de esa situación? Si se trata de una degeneración de las relaciones políticas ¿piensan que los informales son meros actores pasivos o participes necesarios de esa degeneración? Degeneración que, por otra parte y no sabemos porque, no afecta a otros sectores sociales (como la clase media o alta) que reciben subsidios y numerosos beneficios del mismo gobierno, pero que, nos dicen, no interfiere en la resolución racional de las preferencias electorales. 

La persistencia de los sectores informales, ha dejado abierto hace ya algunos años, distintos desafíos pero estos no son solo de carácter económico (que lo es centralmente sin duda) sino también de carácter político: ¿de qué modo los partidos políticos, sus dirigentes, sus militantes, se vinculan a estos sectores, son capaces de "dirigirles la palabra", pero también y sobre todo, de interpretar sus demandas y su relación con el sistema social y político en su conjunto? ¿Qué políticas y prácticas pueden llevar adelante par ano tomar a las personas que viven en la informalidad o en situación de exclusión como un otro pasivo y que solo puede ser "usado" en lugar de pensarlo como un ciudadano activo?