jueves, octubre 08, 2015

Ahora que empieza la campaña, hablemos de clientelismo





El pasado sábado 3 de octubre Página 12 publicó una breve columna que escribí sobre las elecciones y el clientelismo, que usted puede leer haciendo clik. Pero quería dejar aquí una versión algo mas extensa con algunas aclaraciones mas precisas. 


Es el otoño de 1989. El candidato, Eduardo César Angeloz, llega a un barrio muy humilde del Gran Buenos Aires. Pobre, el término es barrio pobre y acaso con miseria. Saluda y se improvisa un acto en el que el candidato dice una pocas palabras. Mientras se retira le dice a uno de sus acompañantes "Por favor no me vuelva a traer a un lugar así que no se que decirle a esta pobre gente". 
La situación me la contó hace un tiempo un amigo radical que, creo, estuvo en ese acto. O se lo contaron, no me acuerdo. 

Se ha dicho ya casi como un lugar común que el radicalismo es el partido que surge con la clase media, o que surgió representando los intereses de los tenderos, algunos profesionales y medianos propietarios agrarios. Y que asentada sobre esa base, construyó su discurso desde el lejano 1890. Así cuando un dirigente de ese partido, interpela a una grupo de personas de aquel espacio socioeconómico, les reconoce los códigos y el "idioma" y puede existir una conexión y ellos se sentirán expresados y quizás representados. Raúl Alfonsín, entendió en 1983, que con ese público no le alcanzaba y fue capaz de construir un discurso que incluyera a sectores que nuca habían votado (y tal vez no lo volvieron a hacer) al radicalismo. 
Aunque la clase media no existe como "entidad social" y de ningún modo su conformación no es lineal (basta leer algunos trabajos, por ejemplo los de Adamovsky) de modo que no existe un solo lenguaje que la unifique, pero si elementos comunes que la convierten en un público posible de ser interpelado, en este caso por un candidato. (También, desde luego, por el mercado). 
Pero ¿qué sucede cuando un porcentaje relevante de la sociedad argentina, ya no se encuentra ubicado dentro de ese espacio simbólico e incluso material? Me refiero a una cifra específica: entre el 30 y 34% de los argentinos que trabajan lo hacen en condiciones informales. Estos sectores han recibido distintas clasificaciones a lo largo de la historia de las ciencias sociales: lumpenproletariado, marginales, cuantapropistas, excluidos. Claro, no todos los informales son pobres, aún estando fuera de ciertos circuitos (el sindicato, aportes jubilatorias, obra social) sus ingresos le pueden permitir un nivel de vida material aceptable. Pero globalmente se trata de la mayor herencia que años de neoliberalismo no legó, y no solo a nosotros sino a toda la región. La gran producción de puestos de trabajo formales, se encontró con este límite y la superación requiere de nuevas políticas, cuyo tema no es asunto de este post. 
¿Y cuál es el tema? El modo en que la clase política plantea su relación con los sectores informales, y en particular dentro de estos, con los pobres. La oposición y la mayor parte de la prensa ha califica a la relación entre el oficialismo y estos espacios como clientelar: las personas en situaciones de pobreza reciben un beneficio y su desesperación los lleva a votar automáticamente al peronismo, que los proveyó de una bolsa de alimentos y o un par de zapatillas. No existirían mayores complejidades para comprender los resultados electorales de nuestro país, nada menos, que desde febrero de 1946 al presente. Hoy, ante una realidad innegable como es la presencia de estos sectores informales, el gobierno nacional ha desplegado una cantidad de políticas específicas de transferencia de ingresos a esos sectores, dado que la superación de la instancia de informalidad, no parece tan sencilla de revertir. Obviamente la Asignación Universal por Hijo, el PROGRESAR, Conectar Igualdad, la extensión de quienes percibe una jubilación o pensión al 90% de los mayores de 65 años, en algunos casos el PROCREAR, presencia territorial efectiva (como los Centros de Integradores Comunitarios). Respuestas todas por "fuera" de los circuitos formales del mundo del trabajo y la producción y que trabajan directamente sobre estas poblaciones, transfiriendo ingresos, aquello que no consiguen en sus espacios de trabajo. En el medio, lo sabemos, existen prácticas estrictamente clientelares, de personas que buscarán apropiarse de bienes y espacios de poder para condicionar a los beneficiarios. La tecnología (las tarjetas bancarias) ha ayudado para morigerar esas prácticas, pero de seguro subsisten, porque en ocasiones la condición humana lo puede todo. Pero también es cierto que estas políticas, como también lo demuestran los estudios sobre el "clientelismo", generan prácticas e interacciones variadas, de diverso tipo y con un impacto muy heterogéneo, donde las construcciones sociales en el territorio, que se dan los propios vecinos y ciudadanos, juega un rol central; también de negociación.
A todo este verdadero universo de acciones, sentidos y pertenencias, escuchamos cada día por parte de opositores y periodistas (que tanto han contribuido en la formación de estas sentencias) que "la gente pobre va a votar por una bolsa de comida". Pero como le sucedió a Angeloz, 25 años atrás ¿qué les dicen esos mismos políticos a este vasto sector? ¿No han pensado en construir nuevos vasos comunicantes con ellos? ¿No piensan, no intuyen, que estas personas tendrán sus propias evaluaciones y visiones respecto a de esa relación y de la política en general? ¿Por qué asumir que son meros agentes pasivos y que no construyen algún tipo de racionalidad en torno de esa situación? Si se trata de una degeneración de las relaciones políticas ¿piensan que los informales son meros actores pasivos o participes necesarios de esa degeneración? Degeneración que, por otra parte y no sabemos porque, no afecta a otros sectores sociales (como la clase media o alta) que reciben subsidios y numerosos beneficios del mismo gobierno, pero que, nos dicen, no interfiere en la resolución racional de las preferencias electorales. 

La persistencia de los sectores informales, ha dejado abierto hace ya algunos años, distintos desafíos pero estos no son solo de carácter económico (que lo es centralmente sin duda) sino también de carácter político: ¿de qué modo los partidos políticos, sus dirigentes, sus militantes, se vinculan a estos sectores, son capaces de "dirigirles la palabra", pero también y sobre todo, de interpretar sus demandas y su relación con el sistema social y político en su conjunto? ¿Qué políticas y prácticas pueden llevar adelante par ano tomar a las personas que viven en la informalidad o en situación de exclusión como un otro pasivo y que solo puede ser "usado" en lugar de pensarlo como un ciudadano activo?               

3 comentarios:

Tilo, 74 años dijo...

Muy interesantes, como corolario, las preguntas dirigidas a los distintos partidos/dirigentes políticos con relación a lo que la mala leche que indigesta a quienes se resisten a la inclusión social, denominan "clientelismo".

Si bien es cierto que hubo un reingreso a tierras democráticas a partir de fines de 1983, el lapso de 32 años transcurrido hasta el presente, representa el período MÁS EXTENSO de sucesión de elecciones democráticas en los doscientos quince años de despegue histórico, en los ciento sesenta y dos desde la primera Constitución Nacional y más ajustadamente, en los noventa y nueve cumplidos desde las primeras elecciones libres y democráticas (aún sin voto femenino).

Resumiendo, en los últimos 99 años sólo hemos tenido un período de 32 con elecciones debidamente celebradas y con mandatos cumplidos o cuya interrupción no obedeció a un golpe de las FFAA. Bastante desolador cuando agitamos las banderitas los 25 de Mayo, no? ¿Y TODO lo que sucedió antes de estos extraños 32 años últimos, para qué nos sirvió como país soberano, si es que alguna vez lo fuimos?

Como ves, a pesar del volantazo pegado a partir del 25 de mayo de 2003, queda aún un largo y duro camino de aprendizaje, de acostumbrarse a los derechos y obligaciones, especialmente a reclamarlos y a cumplirlas. Y ésto va especialmente dirigido a LAS CLASES DIRIGENTES.

Debimos llegar hasta aquí después de etapas de coloniaje, larguísimos períodos de exclusión social que aunque JAMÁS motivaban caceroleos indignados, normalmente se solucionaban con fusilamientos, o bombardeos en épocas más modernas y una descarada represión en nombre de la libertad, de la iglesia o andá a saber de qué o de quién.

Al gran responsable de tamañas desventuras y desgracias, los tipos de a pié comenzaron a conocerlo con nombres y apellidos durante la primera etapa peronista. Y se amplió dicha corrida de telón durante los últimos tres gobiernos populares. Recién casi ahora, la derecha de mierda terminó de aceptar que si quiere volver a pisarle la cabeza a los menos favorecidos, justamente los "clientes" de su abominado "clientelismo", deberá hacerlo MEDIANTE ELECCIONES LIBRES Y DEMOCRÁTICAS. ¿Qué tul?

Claro está que la gentuza derechosa no considera "clientes" a las audiencias de empresarios a los que les interesa QUEDARSE con el país ante economistas serios y de fuste como Melconián, Broda, Prat Gay, Redrado o el puteador contumaz Espert. Es decir, tipos que se aprestan a votar a esa basura denominada - con total falta de verguenza - CAMBIEMOS, con tal de gozar de los beneficios que el panel de prestigiosísimos economistas promete.

Como vez, estamos casi al principio de un largo camino que - espero - el turraje derechoso no logre jamás volver a interrumpir. Y, quién te dice que con el tiempo, los políticos que vayan surgiendo asuman con responsabilidad la tarea que debería constituir la única razón de su existencia: QUE SU PUEBLO ELEVE LA CALIDAD DE SUS VIDAS.

Saludos

Sergio De Piero dijo...

Muchas gracias Tilo! un largo camino, sin duda!
Saludos

Sergio De Piero dijo...
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