viernes, diciembre 26, 2014

Debe. Haber. Algo.



Hace un año, hacía un calor considerable. Varios o muchos sufrían cortes de luz. Las policías provinciales estaban, digamos, un poco inquietas. Hace onde meses, terminaba una devaluación que en 8 meses depreció el peso un 60%. Cuando febrero asomaba la nariz, uno podía pensar que el resto del año podía ser una proyección de enero, pero claro agravada por la acumulación de los meses y las expectativas políticas y económicas a la baja. 
No sucedió. Lo diarios especializados en economía, y los duramente opositores, auguraban la renuncia de Kicillof incapaz de contener la inflación (sumada a las ya "seguras" renuncias de Capitanich, no olvidemos); la inflación anualizada por las consultoras trepaba al 60%; el dolar, en ese clima, andaría ya para septiembre cerca de los $20. Los productores agropecuarios demoraron la venta de granos y oleaginosas, esperando ese corrimiento que nunca llegó. Políticamente hablando, hasta ese mismo mes primaveral, Scioli, Macri y Massa, ya se sentían inexorablemente presidentes cada uno de ellos, acaso de países diferentes.
El gobierno mantuvo sus apuestas precisas: sostener la economía todo lo que se pudiera (allí habrá que ver lo que sucedió en el empleo sin duda, pero destrabó el escenario semi catástrofe de enero) y mantener la iniciativa política. 
La cuestión política se vio "condimentada" por algunos factores claves, que en definitiva terminaron siendo correctamente aprovechados por el gobierno nacional, es decir por el FPV que conduce Cristina Fernández.
Por una parte el triunfo en PBA de Massa en 2013, se fue lentamente vaporizando, ante una realidad mucho mas compleja: el armado de alianzas con vistas a 2015. De ese síndrome tampoco pudo escapar el FAUNEN, ni el PRO. Todos deben definir junto a quienes deben encarar la contienda presidencial, si desean sentarse en Balcarce 50. Carrio, a su modo un poco incomprensible, lo fue expresando durante todo el año: si queremos ganar, hay que sumar a Macri; los radicales aun discuten esta posibilidad con los tiempos algo lentos del partido. El caso es que esta discusión interna, los fue obligando a todos a utilizar el fuego en el frente interno, dejando algunas chispas, algún fogonazo dirigido al gobierno nacional, y a Scioli, de paso. En ese marco, el gobierno volvió a insistir por una parte con la inversión ferroviaria, no desatender la cuestión social (recordemos que a principio de año se lanzó el programa PROGRESAR) y mantener la iniciativa de la mano de la dimensión institucional sancionando en el congreso el nuevo Código Civil y el Código Procesal Penal (y creando el fuero del consumidor), mientras pidió en la ONU una regulación institucional mundial, para detener el avance de los fondos buitres. Volvemos sobre algo que hemos dicho otras veces: el kirchnerismo es un gobierno altamente institucionalista; solo que no es partidario de las mismas instituciones que defienden otros Con eso y de la mano de la mano de los precios contenidos en el segundo semestre (cuidados diríamos) el gobierno ingresó a diciembre bajando las expectativas que parecían de calendario escolar par aes emes: saqueos, disturbios, protestas. Casi nada de ello ocurrió. Y por si fuera poco, el dato regional fundamental: elecciones en Bolivia, Brasil y Uruguay, negaron el fin de ciclo para esos tres países, y por tanto renuevan aires para la región en esa vía, lo cual comprende a la Argentina. La pregunta repetida de si el electorado argentino de pronto se correrá a al centro derecha, es una pregunta que puede estar mal planteada y cuya respuesta, por otra, parte debe formularse teniendo en cuenta todo lo sucedido este año, y que brevemente mencionamos. 

Los meses que vienen serán políticamente ásperos, sin duda. Para la oposición la posibilidad o no, de lograr acuerdos que le abran un horizonte ya lejano de los festejos electorales del 2013. Para el FPV, lejano también un escenario de derrumbe, le queda la posibilidad de plantear los grados de ruptura y continuidad como bien ha dicho Mariano, respecto del futuro del FPV. En cualquier caso, Cristina entregará un país en condiciones notablemente mejores que casi todos sus predecesores, balanceando el debe y el haber. Algo de eso querrá quedarse en lo nuevo que empiece, como para seguir continuando.