martes, abril 29, 2014

¿Qué tiene que ver la colimba?

Por si no lo sabe, según cuentan, la expresión "colimba" proviene de las iniciales de "corra, limpia barre" (me recuerda que cuando yo la hice nos indicaban que todo lo que crece se corta, lo que está quieto se pinta y lo que camina se saluda). No ha sido un intendente aislado. Por la repercusión que tuvo son varios los que creen que parte de la cuestión social, en particular la vida de los jóvenes que ni estudian ni trabajan, se soluciona con el orden militar. 
Más allá que yo y muchos mas lo vivimos como una privación ilegítima de la libertad, el servicio militar obligatorio, no tiene respuesta a los problemas de la cuestión social planteada hoy. Cuando fue impuesto (1901), implicaba un modo sencillo de hacerse de un ejercito nacional inexistente; era también un mecanismo de inculcar los valores de la patria en argentinos que probablemente ni sabían que lo eran y en esas circunstancias si, también podía servir como un modo de alfabetización y de vinculación con elementos de las sociedades modernas para diversos espacios (aunque su objetivo primordial, era el de contar con un ejército regular). En la actualidad ninguno de esos fines parecen ser un tema de agenda: ni la necesidad de un ejercito más nutrido, ni el reforzamiento de las lealtades a la patria, ni que se convierta en una escuela de educación formal. Un servicio militar no podrá ayudar en nada de los problemas que los "ni ni" sufren hoy en la Argentina. Por el contrario, lo excluidos sabrán, otra vez, que la cara principal del Estado es una cara violenta, emparentada con las armas. A jóvenes que no tienen contención familiar, que no han podido completar el ciclo educativo, que no tienen trabajo ¿qué les podrá aportar un año en alguna rama de las Fuerzas Armadas? Necesitan, por el contrario, de un Estado presente que los sostenga, que los aliente a finalizar sus estudios (como el plan PROGRESAR) a ayudarlos a insertarse en el mundo de lo productivo, a restablecer lazos con el conjunto de la sociedad. No son problemas de disciplina lo que sufren; es la falta de horizonte lo que se les presenta. Los índices hablan de un aumento de los suicidios en los jóvenes entre 15 y 25 años ¿solucionamos eso con un régimen, militar de duchas frías a las 6 de la mañana y obediencia sin planteos? ¿Es un año de rigor lo que mejorará la situación de esos pibes? ¿y las chicas? ¿Lo piensan también para las mujeres? No me burlo de quienes lo estén defendiendo. En todo caso hay mas responsabilidad en la academia por no generar propuestas creativas respecto de una realidad instalada como es la vida de los chicos en los espacios vulnerables o pobres. 
No podemos, de ninguna manera, retroceder en las respuestas a planteos nuevos derivados de la cuestión social. La colimba los tendrá "atados" mas que contenidos, durante un año y luego sus vidas seguirán en la misma situación que antes. Porque quienes hemos pasado por allí, además de armar mejor nuestras camas y doblar la ropa, no nos hemos llevado nuevas herramientas para nuestra vida. 

lunes, abril 28, 2014

Las relaciones estado – sociedad civil en el kirchnerismo. Algunos planteos

Como todo proceso político, el iniciado en el año 2003 con el gobierno de Néstor Kirchner implicó diversos cambios en la orientación de las políticas públicas. El hecho de que el gobierno fuese el sucesor de la fenomenal crisis del año 2001, luego de la breve presidencia de Eduardo Duhalde (enero 2002-mayo 2003), le impone al análisis de sus políticas la capacidad de respuesta que pudo, o no, generar en torno a las tensiones planteadas que desembocaron en la crisis. A partir de este aspecto, me interesa plantear, de manera introductoria, la cuestión de cuánto se vieron modificadas las relaciones Estado – sociedad en la última década.



El resto en la Página web de FLACSO - Argentina : aquí

jueves, abril 17, 2014

Me hablan del post kirchnerismo

Fin de ciclo. Transición. Nueva oportunidad. Espacios de algo que es muy parecido a la derecha, al conservadurismo, repite todos los días, como una sentencia que inexorablemente se cumplirá, estos presagios. El kirchnerismo se termina y con él todas estos "desaciertos" que hemos vivido los últimos (serán 12 en 2015) años. A la vuelta de la esquina está el país normal. Tranquilo, sin conflictos, sin sobresaltos, sin crispación. Una Argentina reintegrada al mundo, seria, normal. Con empresarios felices y deseosos de invertir en la Argentina. Con un sindicalismo sin intervenciones desproporcionadas en la vida política. Sin protestas, sin marchas. Sin presidentes diciéndole frases hirientes a los poderes económicos internacionales. Se acaba la generación de conflictos "innecesarios", de abrir puertas para problemas que mejor dejarlos como están. Volverán, al fin!, las reuniones de gabinete. Los ministros poderosos y los presidentes solo discursivos, sin meterse en los asuntos que deben tratar los responsables de cada cartera. Habrá, al fin, ¿cuanto lo esperamos? un ministro de economía, un plan monetario y un plan económico. Podremos, quien sabe, recuperar la independencia del BCRA. Poblar la Cancillería y las embajadas solo con diplomáticos de carrera. Las ONG amigas serán aquellas preocupadas por la transparencia y las buenas prácticas, y no las que estimulen una dudosa militancia. La cadena nacional solo será usada para transmitir la jura de un ministro o la apertura del Congreso que será breve y con discurso leído. Los jefes de las FF.AA serán profesionalistas o liberales. Se le sacará el pie de la cabeza a los que quieren ganar dinero. Se termine la patria de los planes.

Todo esto, y mucho más es lo que esperan, ansiosamente, desesperadamente que suceda. Tienen nombres. Tienen encuestas. Están convencidos que con eso basta. Que el resto se acomoda. Pero ¿Han leído dos libros de historia argentina? ¿Esperan que los sectores beneficiados con esa política salgan a la calle a bancarlos? ¿Están dispuestos a acusar al resto de haberse quedado en el 45 o en el 2005? ¿Se volverán a abrazar alegremente con Rojas?

martes, abril 08, 2014

Inseguridad: caminando en círculos (helicoidales)



La agenda de la seguridad (o de su carencia) irrumpe en el espacio público con la fuerza de la muerte o de la vida amenazada. Dentro de muchos años se hablará de la inseguridad como un miedo equivalente a las pestes de la edad media: profundo, difuso, incomprensible. 
El proyecto de reforma del código penal, desató nuevamente el tema (curioso esta vez no fue un crimen como en el caso Blumberg o la niña Candela) sino un proyecto que fue presentado por el diputado Sergio Massa, como una garantía de liberación para todos los presos. Bastó eso para que el tema se pusiera en la agenda nuevamente bajo el mas torpe y rudimentario de los argumentos: el Estado no hace nada, está ausente. No importa presentar que la Policía de la Provincia de Buenos Aires tiene más efectivos que el Ejercito Argentino, en estos días; que la Gendarmería cumple funciones policiales e el territorio, lo mismo que la Prefectura; que la población carcelaria aumentó en 10000 personas en los últimos seis años; que el 57% de los residentes de las cárceles no tiene condena. No importa. La opinión (¿cabría decir aquí también la sensación?) es que la política penal es sumamente persuasiva y que la propuesta lo sería aún más; y se esta en contra de las reformas, a pesar de que se critique con dureza el actual sistema penal, que ha endurecido penas ante cada "crisis de inseguridad". Hay allá a los lejos una salida mágica, donde la seguridad se restablece sin mayores esfuerzos. Los administradores del espacio público, prometen una seguridad que no pueden ofrecer, dice Bauman en alguna parte.
Mientras tanto, cada vez que el tema de la seguridad ingresa en la agenda, solo se nos ocurre como sociedad (política y civil) pedir más penas, mas armas, más policías. no importa si mayores penas son efectivas, si necesitamos mas armas o que tipo de policías tendremos. Queremos mas, porque el cuantitativismo ganó la batalla en la discusión de la inseguridad. Mientras tanto, nos enteramos que los homicidios en ocasión de robo, representan el 19% del total (ocasión que es la que se esgrime en todas estas discusiones) como puede leer en este muy buen blog. Y nos enteramos que muchos homicidios suceden en otras ocasiones, donde mas policías o armas, no traerán ninguna solución. Por eso lo peor no es que caminemos en círculos pasando una y otra vez por la estación Endurecer Penas y Comprar Armas, sino que el círculo tiene forma helicoidal: cambios de ese tipo nos llevan hacia abajo, nos descienden a instituciones sociales menos favorables a una sociedad mejor. ¿Que será de la vida de ese 57% que espera una condena y qué será en particular de los inocentes de ese grupo? ¿Qué pensará del resto de la sociedad, la familia del que murió en un ajuste de cuentas, en una venganza? ¿Tendrá acceso también a los linchamientos?
No vamos a decir nada nuevo: solo si el tema de la inseguridad se aborda desde múltiples campos, pensando centralmente en la inclusión y el desmantelamiento de redes delictivas, como ocurre en parte, ahora, con la trata de personas. Solo si se profundizan (o en algunos casos se inician) reformas en el sistema judicial, penitenciario y policial se puede esperar otro resultado de la acción punitiva del Estado. hoy una parte importante del sistema político, prefiere someterse a esa "opinión pública" que reclama soluciones urgentes, otorgándole ilusiones en lugar de políticas.

La foto de aquí