jueves, septiembre 11, 2014

El Estado, otra vez

Hay una tensión algo curiosa en la Argentina y es que los debates sobre el sistema político, suelen ocupar mucho mas espacio que los que implican al Estado como institución y como orden. 
Y es curioso, porque el sistema político argentino ostenta hoy, el meritorio récord de 30 años de desarrollo democrático, con crisis importantes, pero que se resolvieron dentro del esquema que preveía la ley en cada caso.  Si alguna o alguno cree que esto no es relevante, lo invito a visitar cualquier período de la historia argentina previa a 1983. Con partidos que no responden a los manuales, las elecciones en el país son una rutina que desde luego depara algunas sorpresas pero sólo por sus resultados; se habla de reformas electorales "imprescindibles" para luchar contra el fraude, mientras este ha ocurrido de manera absolutamente periférica, no haciendo al nudo del sistema político. 
Mientras, el debate sobre el Estado no tiene la riqueza que demanda. Abandonar la lógica neoliberal sostenida en la competencia como fuerza motora del desarrollo, no ha sido fácil y las vertientes de un neodesarrollismo, no logran abrirse paso con fuerza. Lo que me queda claro es que algunas cosas escuchadas y leídas, no irían por ese camino. Parece que los problemas del Estado siguen vinculados al "exceso" de política y de sus actores "los políticos". Llueven discursos morales sobre las personas de los políticos y si fueran mejores todo lo bien que funcionaría el Estado. Y funcionaría mucho mejor si escucharan la voz de nosotros, los "expertos", que desde luego opinamos autónomamente y no comprometidos con mezquinos intereses. Ese discurso moralista encaja perfectamente con los candidatos que dan por agotado al kirchnerismo; agotamiento que no se limitaría a la presencia de un apellido, sino a una orientación del Estado. Ya está: terminó la época de los conflictos y ahora nos vamos a dedicar a administrar el Estado bien y a dejarnos de cosas de "politiqueros". Porque, dicen, el Estado funciona mejor en manos de los que no están políticamente involucrados. Ese camino nos aleja de las posibilidades de generar los cambios que faltan, porque la política deja de conducir para otorgar la primacía a la administración. Quizás la sociedad ya no tolera esos niveles de tensión política que implican dar vuelta algunas estructuras. Por eso, tal vez, preferimos pensar que todo recae en Boudou, y todo eso que tiene tanto olor a 1999. 
Finalmente, me parece, que una cuota grande, le cabe a la academia, al mundo de las universidades, donde no supimos, no quisimos o no pudimos, generar marcos teóricos y políticos que ayudaran a pensar un neodesarrollo que acompaña las voluntades de cambio. Allí también con frecuencia, hablamos más de actores políticos de cambio, que de estructuras estatales a cambiar.   

No hay comentarios.: