domingo, agosto 03, 2014

Buitres, Estados

Es notable como, a pesar de la acumulación de declaraciones, argumentos, críticas y sentencias, los economistas no pueden aventurar el modo no en que terminará, sino como continuarán la disputa planteada en torno de los fondos buitres y su acecho. Creyeron que la sentencia de Griesa y el 31 de Julio obrarían mágicamente para pulverizar al kirchnerismo y cualquier otra pretensión de acción política en esta situación. no fue así. El gobierno argentino mantuvo su postura basada en la voluntad de pago, pero no bajo extorsión. Si alguno cree que la palabra es exagerada, basta leer la columna de hoy de Andrés Oppenheimer en el Nuevo Herald (aquí) luego de dejar en claro que detesta al gobierno, lo cual le da un valor distinto a sus dichos sobre Griesa. Algunos locales no pueden ver ni eso. 
La cuestión es económica, peor se ha basado centralmente en una cuestión política: Argentina argumenta económicamente que no puede aceptar el fallo (no podría pagar al resto, dejaría de brindar servicios a su propia población) pero le acompaña un tono político que es la que la lleva a sostener que no acatará el fallo en estas circunstancia de extorsión. En esto el país ha recogido adhesiones de distintas partes del mundo y de diversos espacios ideológicos. Sin embargo frente a los buitres, en términos reales y jurídicos, el Estado Argentino está solo ¿No debería aquí tener alguna injerencia el Fondo Monetario Internacional? ¿De todos los organismos multilaterales de crédito que tuvieron tanta injerencia en las políticas durante los 90, no existe uno con capacidad de regulación en este aspecto? La respuesta es obvia, no. Los fondos buitres se mueven por fuera de todo sistema de regulaciones, gracias en particular a la existencia de los paraísos fiscales. Por eso la conflictividad que enfrenta Argentina muestra que en el fondo, a pesar de la formación de innumerables agencias multinacionales empezando por la ONU, estamos mas o menos como en el siglo XIX, con los Estado periféricos, enfrentando con lo que pueden las fuerzas del mercado, hoy ya totalmente despegadas de los poderes estatales. Los "globalizadores" los que apostaron a las fuerzas de la globalización para el desarrollo, se chocan contra estos hechos, en donde la fuerza de esa globalización lo que ha permitido es la existencia de fuerzas totalmente fuera de regulación, pero que saben usar los poderes estatales en su beneficio (el sistema jurídico de los EE.UU) ¿Seguimos planteando reformas de nuestros sistemas políticos o de nuestros estados, ignorando la existencia de estas fuerzas? Parece ser un peligro recurrente sobre el que se repiten las propuestas. La posibilidad e una regulación financiera mundial mas que lejana parece imposible actualmente; la necesidad de replantear estos problemas a nivel regional, con aquellos países que pueden ser víctimas de situaciones semejantes, parece imprescindible; porque los estados de a uno, pueden repetir, también las experiencias del siglo XIX.

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