domingo, abril 14, 2013

Le piden al gobierno que se quede quieto


Una de las argumentaciones más recurrentes y notables que esgrime el periodismo que abunda en La Nación, Perfil o Clarín, es que el gobierno nacional y en particular la presidenta Cristina Fernández, cambian de posición de manera constante. Es decir, a la vez que encabeza una dictadura destructora de la república, y por lo tanto avanzaría en sentido lineal hacia sus fines que son los del poder total, apoya medidas que antes se negaba a tomar. El kirchnerismo sería inconsistente con su propio objetivo de poder absoluto y cambia: toma medidas que no había anunciado y beneficia a sectores nuevos; refuerza lazos con políticas públicas hacia sectores con los que tiene una alianza; cambia rasgos de la comunicación, o realiza pequeños gestos que pueden tener su impacto. Si cree que llegó el momento de cambiar una actitud, la cambia. Desatiende, digamos, ese inexistente manual de política el cual afirmaría que gobernar es llevar adelante una plataforma de políticas que uno toma de manera constante mientras dure su mandato.
Todo lo que acompañó el viaje de CFK a Roma para la asunción del Papa, descolocó tanto a este periodismo, y que lee la política desde los manuales, que su principal tema fue que Cristina quiso explicarle al Papa, como se toma mate. Me lo contaba hace unos días gente que vive en Perú, y que esa fue una de las principales noticias que llegó.    
Ahora muestran su preocupación porque algunas acciones de la presidenta, como fue ir dos veces a La Plata, hablar cara a cara con la gente (con ese instante increíble de "escuchame una cosa Cristina", de un hombre que había sufrido la inundación, algo enojado, no sacado, sin gritarle, pero tuteando a la Presidenta de la Nación) o al día siguiente ir y sentarse en el piso junto a los jóvenes. (Para creen que eso fue chavismo, no parece; sentarse a escuchar junto a los otros, no es una acción de conducción, sino de acompañamiento)
Un periodismo apoyado en un colchón infinito de adjetivos y prejuicios sobre la política en general y el gobierno en particular, no puede analiza a un objeto que se mueve, que justamente, hace política, en lugar de ser un piedra de enunciaciones, la cual sería fácil de decodificar (el peronismo es fascista, intolerante, clientelar).
En definitiva, indignados porque el gobierno tiene en mente ganar las elecciones de octubre. Y, repitiendo lo obvio, en una situación de la oposición con escasa iniciativa y en el peor de los casos detrás de esa agenda de la prensa. Se acerca el 18A; ¿moverán el amperímetro?

La foto de aquí

jueves, abril 04, 2013

Capacidades estatales

Vamos a comentar ahora, sabiendo que lo hacemos en medio del dolor de tanta gente, irreparable. Hago la aclaración porque el tono es frío cuando se habla de políticas estatales.
Ayer con un twuit, María Esperanza Casullo, lanzó la cuestión que se impone como central ante la tragedia de estos días: nuestro problema no hay que buscarlo en el sistema político, sino en las capacidades del Estado. Comparto, absolutamente. En un post que ahora no voy a buscar, mencioné que las PASO afectaban nuestro sistema de partidos, pero que la inestabilidad, las pertenencias débiles  y los cambios de alianzas, en particular en la oposición, iban a continuar. Es así y es casi un sello de nuestro actual sistema de representación política, sin que ello signifique una crisis. Italia vivió así durante 50 años y no el iba tan mal. Ahora la acción del estad es otra cosa. La cuestión es si el Estado está en condiciones de garantizar el ejercicio de los derechos ciudadanos al conjunto de la población, ya no por voluntad política, que es hoy decidida en esa dirección (recuerdo, Menem nos decía que pobres iba a haber siempre así que no cabía esperar resolver ese problema) sino por capacidades. Diversos hechos manifiestan que el Estado se encuentra ante límites no dados por la resistencia ideológica o la tensión que le genera el mercado por espacios en disputa, sino por sus propias capacidades de intervención y de regulación.
El gran triunfo de los ’90, fue imponer la lógica de la competencia, por en cima de la de la planificación estatal. De la competencia siempre sale el mejor. Claro nunca referían a las condiciones de la competencia, de la línea de largada; pero si de negocios por encima de los derechos. Desde la crisis del 2001, hacia acá quedó claro que la mayor parte de la población reclama más y mejor intervención del Estado, como regulador o como proveedor. El kirchnerismo aceptó ese desafío, que consiste, básicamente, en sostener que es el Estado que el regula el modo en que se asignan los recursos y por lo tanto entra en tensión con la “libre concurrencia”. Y así el Estado volvió a controlar el sistema jubilatorio, subsidió el consumo de los servicios básicos, reguló el tipo de cambio, lo mismo que las exportaciones y las importaciones. E incluso recuperó la mayor parte de la empresa petrolera que supo ser propia. Ganó una batalla, que desde luego tiene focos de resistencia todos los días, pero hoy son menos los que plantean que la solución de los problemas se consigue privatizando o achicando el Estado.
Ganada esa cuestión, queda el día a día. El funcionamiento del aparato estatal contadas sus dimensiones. Lo he nombrado otras veces; recuerdo que Norberto Ivancich cuando asumió como Subsecretario de Gestión Pública en el 2003, le escapaba a planes maestros para el Estado; recuerdo, me dijo “hay que hacer que esto funcione”. El Estado reducido y maltratado durante décadas, debía recomponer su lugar en la sociedad y hacer funcionar sus propios resortes, sin necesidad de plantear un programa a largo plazo. Es lo que en políticas públicas se llama incrementalismo: ir avanzando y modificando a medida que se camina y se hace; en contra del racionalismo, que cree en planificar en primera instancia todo, para luego moverse.
Acá sabemos lo que hay que hacer: que los servicios públicos sean eficaces y accesibles a todos. Las graves situaciones que hemos vivido en los últimos años, han chocado principalmente contra esta pared. Y, como ya he dicho, la corrupción explica muy poco. Decir “la corrupción mata” es el lema preferido de “la gente” que quiere depositar en otros la solución de los problemas. Entonces para ir al grano, ¿Cuáles podrían ser esas decisiones urgentes, no planificaciones a 30 años, para que no volvamos a lamentar la muerte de compatriotas?

Los bomberos, en las grandes ciudades, no pueden ser voluntarios. No dudo de su buena voluntad e incluso de capacidades, pero no se puede depender de un servicio voluntario para atender emergencias.

Hay que mejorar la comunicación con la ciudadanía ante posibles catástrofes, como estas. 

Hay terremotos que se cobran menos vidas y tiene que ver con la concientización.

Hay que discutir ya, para redefinir el destino de la basura.

El Estado no puede permitir que el mercado inmobiliario siga definiendo los contornos de la ciudad. El modo en que se construyó un Shopping pudo ser la causa de la inundación en Villa Mitre. La medición del impacto ambiental, no pude pensarse sólo para las fábricas, sino para todo tipo de construcción.

Medio Ambiente, no puede ser una dependencia escindida de los ministerios de infraestructura y obra pública.

Las tragedias se manifiestan en el territorio, a mediana escala. Habrá que ver la manera en la que el Estado se hace presente allí de forma permanente.

Esto es nada. Y al mismo tiempo enunciarlo es mucho más complejo que llevarlo a la práctica. Y n es sólo tarea de los gobiernos: empresas, poder judicial, sistema educativo (¿cuánto están ayudando las maestrías en administración y políticas públicas?), las organizaciones sociales. Recuperar el Estado para redefinir su rol y recuperar sus capacidades para cumplirlo. Dos movimientos de un mismo acto.

martes, abril 02, 2013

Política Argentina: ¿Qué había antes de Malvinas?

Malvinas en si mismo un hecho histórico. Repetidas veces, casi como dogma, se dice que Malvinas significó el retorno a la Democracia, que la derrota militar, luego de la económica y la política, era la que le faltaba a los militares para retirarse. Como todas las afirmaciones categóricas, son parcialmente ciertas. ¿Qué puede decirse, entonces, del escenario previo? 
En principio que la presidencia de Galtieri había significado el triunfo de los halcones (él mismo, Suárez Mason, Menéndez), cuando obligaron a renunciar a Viola en diciembre de 1981, porque es parecía demasiado aperturista. "Las urnas están bien guardadas" aseguró Galtieri. Si embargo no perdió tiempo y en febrero de 1982, organizó el gran asado en la localidad pampeana de Victorica, La Pampa. Allí no faltaron los políticos de los partidos provinciales, como los Guzman de Jujuy o Leopoldo Bravo de San Juan, que aspiraban ser la sucesión del proceso; el radical Berongaray o Jorge Aguado de CARBAP, quienes según se dice, pusieron la carne al asador, literalmente. Galtieri se entusiasmó. había unas cuantas personas y quizás pensó que con esos dirigentes, podía pensar en un futuro próspero, largo. 

En la cabeza de los militares, cohabitaban dos posibilidades. Una era imitar la salida brasilera: permitir primero elecciones municipales; luego provinciales, luego un congreso, y mas tarde, mucho más tarde, el presidente; la otra alternativa, que también había rondado al cabeza de Viola, era generar dos partidos políticos, uno liberal urbano y otro conservador agrario, que compitiesen en elecciones. En ambos casos lo militares seguían incólumes como tutores de la democracia. Existía también otros proyectos, desde luego. Uno imaginaba que era posible negociar con segundas líneas de la UCR y del PJ para pensar la transición con los militares con el poder para condicionar al gobierno; de hecho lo intentaron nombrando a varios intendentes de filiación en aquellos partidos (unos 150), pero no prosperó; aún en la proscripción, las conducciones partidarias y las lealtades perduraban. 

El otro hecho que marca el pre Malvinas, es la marcha del 30 de marzo de 1982 bajo el lema "Paz, Pan y trabajo, solo 3 días antes del desembarco. La convocaron la CGT "Brasil", conducida por Ubaldini. La represión absoluta, al punto de impedir que las columnas llegaran a Plaza de Mayo. hubo centenares de detenidos. El mensaje era claro: la dictadura quería manifestar que no había posibilidades de planteos.

O sea que hasta ese momento lo que había era, un sindicalismo movilizado contra la dictadura, proyectos varios de los militares para pensar una futura salida con pocos partidos dispuestos a colaborar, la existencia de la multipartidaria era prueba de ello, y una interna militar caliente que los halcones estaban ganando de manera momentánea. A esto hay que sumarle la crisis económica que empezaba a crecer de la mano de la inflación y la pobreza. Así, Malvinas es un trágico "entretiempo"  que acelera la salida de los militares. Desde luego el fracaso en al guerra deja expuesto a los militares que tampoco son capaces en aquello que es su especificidad. De allí probablemente el aumento de su aislamiento de la sociedad civil; y con ello, luego de convocadas las elecciones para octubre de 1983, la dificultad para imponer condiciones al nuevo gobierno, más allá de la crisis que le dejaba (lo que no era poco). 

Le quedó, sin embargo, la capacidad para demorar las elecciones más de un año, luego de la derrota. Esto indicaría que de no mediar la guerra, su capacidad para condicionar la salida a la democracia, hubiese sido mucho mayor. En eso la guerra adelantó los tiempo, y cambió el escenario.