jueves, enero 17, 2013

Acerca del Ricardo Darinismo



En el 1° acto el diario La Nación levanta un reportaje a Ricardo Darín en una revista del grupo, en donde el actor afirma que le gustaría saber cómo acrecentó su patrimonio la presidenta de la Nación.



En el 2° acto, la presidenta, le escribe una carta al actor a través de Facebook (es curioso que algunos se pregunten si la carta la escribió ella, como a fines de los ’50 algunos se preguntaban si las cintas magnetofónicas contenían la voz del General o de un imitador). Casi no hay distancia entre la pregunta del actor y la carta de la presidenta, de modo que la reacción pública parte tomando a ambas emisiones y opina simultáneamente. La oposición, especialmente en los medios, comienza a alabar a Darín por su coraje y a darle la razón. El director de cine, Juan José Campanella, afirma que la carta es una forma de masacrar al actor para que el resto aprenda. Se superponen las voces de apoyo al actor y de crítica a Cristina Fernández por “intimidarlo”. Desde luego hay voces a la inversa, que le señalan a Darín, tal cual lo hizo la presidenta, el “incidente” de la camioneta y de jugar para la oposición.



En el 3° acto, al presentar su última película, Darín afirma en una nota para TN, que se sintió usado por los medios. Que él se había referido a todos los funcionarios públicos y que en el reportaje pusieron sólo a “la presidenta”. Que le gustaría aclarárselo personalmente a ella. Ahora las voces se invierten. Le llueven al actor adjetivos del tipo: esclavo, cobarde, que arrugó, etc. El primero lo puso en una nota Clarín. Eliaschev lo atendió por tw acusándolo, veladamente, de traidor: “tanto que te estimábamos” le puso. Darín queda más o menos sólo, quizás escuchando un “te lo dijimos” desde algún kirchnerista.



En el 4° acto…no hay 4° acto. No queda mucho. Alguna crítica más, uno que otro tw perdido, pero el vuelco del asunto, con las declaraciones de Darín, termina apenas, con una peleita con E. Feimann, y el intento firme del actor por correrse de la escena y volver a lo suyo y ser “sólo un ciudadano”. Había perdido ese “privilegio” cuando dijo lo que dijo y dónde. Pareciera que le sobró ingenuidad, como le ocurre a mas de uno, y no sólo ahora. Por casualidad estaba mirando por youtube una historia del rock nacional y aparece el Recital de la Solidaridad en plena guerra de Malvinas (ver desde minuto 7). Los rockeros con protesta y todo, no tienen las herramientas para leer el momento político y despegarse. El discurso político parece hacerse desde la política; cuando se quiere intervenir en diagonal, ("no estoy ni acá ni allá") se toca sólo algunas puntas y no necesariamente las que el emisor quiere; porque ese campo, en el que sólo quiso hacer un comentario, ya está cargado de sentidos que no pueden ignorarse. Y así si no estás ni acá ni allá, estarás donde decidan ponerte los actores que juegan todos los días.

martes, enero 08, 2013

La política, sin énfasis



Recuerdo haber leído un reportaje a Victor De Genaro hace varios años donde optaba por comparar a la política con un partido de fútbol antes que con el juego de ajedrez; mientras  este último implica un número acotado de jugadores y prima la razón, el cálculo, en el fútbol el espacio se amplía y entran en juego la estrategia, el roce, el esfuerzo, la garra. En esa comparación, decía más o menos De Genaro, la política debería tener mucho más de esto último y menos de un juego de élites.
La discusión es tan vieja como la política y aprovechemos el verano para decir algunas cosas, en donde se incluye, desde luego al peronismo y al kirchnerismo.
Periódicamente podemos leer columna en La Nación en particular, de varios intelectuales (Luis Alberto Romero, Marcos Novaro, Álvaro Abós, algún pasaje de Beatriz Sarlo, entre varios) profundamente preocupados por los componentes irracionales que estaría explotando el kirchnerismo, en particular luego de la muerte de Néstor. Ese componente que apela a las pasiones antes que a los intereses (racionales) es para los autores y para una parte de los intelectuales la explicación última del peronismo; es la explicación de cómo arribó en nuestras tierras la sociedad de masas a la política, mientras que en Europa, por caso, lo habrían hecho de modo totalmente irracional salvo por (ay!) ese episodio del nazismo y que se yo. En cambio aquí el vehículo de inclusión fue lamentablemente el peronsimo, el que se avivó, según Germani, de la existencia de una masa disponible. Por eso, afirman. La masa va a los actos por un choripán, porque si racionalizaran sus intereses no se dejarían arrastrar por los políticos del peronsimo, que sólo apelan a imágenes emotivas. Recuerdo, lo juro, a una colega afirmar en un congreso de ciencia política, que los “pobres consumen bienes simbólicos”; con la foto de Perón y Evita (y ahora de Néstor) alcanzaría para congregarlos y conducirlos.  

Porque las clases medias y dominantes no se dejan arrastrar por las pasiones cuando hablamos de política. Saben de modo casi artesanal escindir cualquier reacción emotiva o pasional a la hora de discutir y decidir en política y economía. (Recordemos a Hobbes, a Locke, a Montesquieu). Por eso la política, nos dicen aquellos columnistas, debe ser poco más que un acto administrativo y técnico; sin énfasis, donde nos dediquemos exclusivamente al cumplimiento de normas y procedimientos: si todos cumplimos las reglas, otra que el mundo feliz. En los ’80 convencieron a Alfonsín de que la democracia, como proceso de toma de decisiones, alcanzaba para garantizar el desarrollo; no era necesario plantear la relación con los actores sociales.
Como decía, la discusión en antigua. Y forma parte de la resistencia del ingreso de las masas a la política.