viernes, julio 27, 2012

Colectivo Político

Hacia 1930, Leopoldo Marechal escribió "el colectivo es el vermut de la muerte. Una coctelera de cuya zarandeo nace un copetín democrático". No es exacta la frase porque no encuentro el libro donde la leí hace años. Pero la idea es esa. Esa tempranera observación de Marechal, cuando los colectivos no se podían parecer ni en parte a lo que son hoy, me habilita a narrar un pensamiento desde ese transporte. 
La aclaración es más que importante, porque la historia a cuento es lo menos original que se me podía ocurrir para contar y sin embargo encierra para mi un misterio que no alcanzo a comprender. 
Son algo así como las 20 horas. Subimos al 128 en la esquina de Santa Fe y Coronel Diaz (ya subir es un logro porque el anterior no paró, como tantas veces en tantas líneas). Es notorio que el chofer no está feliz; "arriba que cierro" y pisa el acelerador. Un muchacho queda colgando y le pega una acertada piña al vidrio delantero "que hace, no ves que no subimos" Y comienza la discusión harto previsible que si no no arranco más, que sino no viajo, etc. Pero la cosa se pone espesa y la posibilidad de golpes parece cierta. De la primera fila emerge un hombre grande (es decir lo que yo considero grande, algo así como 60 y pico) que muestra una improbable credencial y sentencia "soy de jefatura, se va a tener que bajar" Esa jefatura no debía ser gran cosa, porque el tipo no la volvió a sacar, cuando el pasajero de la piña al vidrio ya bastante sacado, lo interroga acerca de su autoridad. El hombre de la autoridad sigue argumentando mientras sube el tono y el sentenciado a descender contrargumenta y otra vez surge la posibilidad de las piñas. Otro, toma la palabra y tratando que su voz suene mas alta que ambos les propone "estamos todos cansados y queremos volver, porque no se dejan de joder los dos" El muchacho ni lo mira. El de la autoridad no legitimada se da vuelta (lo tenía de espalda) lo mira, pero no dice nada y la pelea parece haberse agotado. (bueno si, está bien, el demente que les dijo que se callaran fui yo. Lo dije). El muchacho, que había subido con una chica se sigue quejando con ella por la situación. El hombre jefe de algo, conversa con el chofer. Cuando parece que será otro aburrido viaje diario, a mi derecha un tipo lanza la frase matadora, digamos el vale cuatro, con el que todos terminarán callados: "esto pasa porque no saben votar" (en algún momento pensé en aclararle , que eso pasaba en todo caso porque la línea tenía pocas unidades por ejemplo, pero decidí que mi participación se había terminado). Pero una señora aceptó el duelo y comenzaron a cruzarse intentando buscar la mayor culpa por el destino del país, identificado en esa pelea. El tipo creía claramente en la culpabilidad de Cristina en la cuestión y en la ignorancia del pueblo, en el voto clientelar, en el 54% que no piensa, en la corrupción y que, desde luego, un día el pueblo se iba a despertar y los iba a sacar a patadas.
Inicialmente pensé en un chiste de Mafalda en el que Guille le pregunta a su hermana si el calor es culpa del gobierno, a o que Mafalda le contesta que no y le aclara a Miguel que "el pobre todavía no sabe muy bien como repartir las culpas". Pero después relacioné que también las explicaciones académicas, perfeccionando algunos términos y utilizando los tecnicismos del caso, recurren del mismo modo a justificaciones semejantes para hablar del voto popular. Que cuando Germani explica la situación de las sociedades como la nuestra, está convencido que la ausencia de procesos modernizadores influye directamente en los sistemas políticos; que la izquierda dogmática cree que el nivel de conciencia de la clase trabajadora ha sido adormecido por el peronismo. Sigue siendo más fácil atribuir a la cultura política de nuestras sociedades la vigencia del peronismo, o del populismo si prefieren, que explicarlo desde complejas matrices estructurales, históricas y claro, culturales. Es más fácil pensar que la sociedad es fácilmente domesticable por los "tiranos", que leer la mixtura de los procesos políticos y sus proyectos en danza y tensión. Y esas explicaciones también pueden dar cuenta de la violencia instalada en la sociedad, que lleva a los individuos a las manos por asuntos menores. 
Cuando me quité los auriculares que me había puesto para distraerme un rato, noté que el conflicto anterior, ya sin el muchacho que había bajado, se había convertido en un momento de chistes y bromas entre los que quedaban a bordo y uno que había subido y decidió convertirse en humorista. Ese también es un dato de la política. 

martes, julio 17, 2012

Las olas y el viento

Cuando las cosas se ponen un poco complicadas, cuando se instala la sensación de que algo puede cambiar, emergen, con mayor o menor volumen, las voces que proponen y naturalizan la salida. El viento de cola se habría parcialemnte terminado (aunque ahora resulta que las condiciones externas no tienen ninguna implicancia en la economía nacional) y sentados en la playa podemos ver llegar las viejas olas. 
Así, la semana pasada Miguel Angel Toma, el ex diputado y Secretario de Seguridad de Menem, lanzó la idea de privatizar Aerolíneas Argentinas, para con ese dinero, combatir la inseguridad, replicando el viejo principio de almacenero (con el repecto de ese sagrado lugar) que supo desarrollar doña Rosa. El domingo 15 de julio, también en Clarín, Rodolfo Terragno afirmaba que la Argentina carecía de un modelo económico y que por lo tanto debía darse la empresa de generar uno. Y allí había que apuntar al crecimiento y bajar la inflación, pero desde luego, proveer una "malla de contención para los más pobres". La inclusión social no es un objetivo inmediato del crecimiento, sino una consecuencia a largo plazo (¿derrame?). En el mismo diario, hace unas semanas un empresario miembro de ACDE (Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa) se refería al Estado empresario a contramano (supongo que del 1° mundo) que tenemos hoy en la Argentina, pues lo que puedan hacer los privados no lo hará el Estado. Sólo tres de una lista bien larga. Cada día un poco más. La semana pasada se cruzaron varias notas en distintos medios para imponer, otra vez de manera exclusiva, el criterio contable para evaluar políticas públicas: con la plata de Futbol Para Todos, se podría hacer, etc. etc. (alguien advirtió que también se podrían hacer otras cosas con los fondos del Teatro Colón). Y mañana lo diran de la AUH (ah cierto "la canaleta").
Hay problemas: hay que pagar deuda, mantener el superavit comercial, los problemas fiscales, y gobernar este país que no es poco. Ante disyuntivas, ante la presencia de crisis ciertas (la fractura de la CGT es una crisis, e importante, números en economía lo son, etc.) emerge hoy con mayor decisión el paradigma de volver para atras. Como dicen que les sucedió a los judios cuando llevaban años fuera de Egipto "bueno allá la cosa no estaba tan mal". Las recetas simplificadoras vuelven a presentarse, con la idea de que el Estado en realidad es un estorbo, un depredador de recursos a través de los impuestos (quiero recordar que no ha habido reforma tributaria) o con planes sociales que da de comer a los que no quieren trabajar. La ola no trae grandes novedades sino algunas propuestas aminoradas sobre la confianza en los mercados. No se trata ahora de ponernos paranoicos. Así funciona la política económica como pugna. Por eso la importancia de sostener lo construido, y seguir creyendo en el empleo como forma de inclusión; si se sostiene esa variable, las otras acompañan detrás; si entregas esa, las otras repiten el mismo principio. El desafío será encontrar el modo en retomar los niveles de competitividad, sin ceder a las presiones devaluadoras. Las voces no son negativas para el 2013, quizas con lo que hay se pueda aguantar, pero para que no vuelvan las viejas olas, habra que impedirles que la playa les abra espacios. 

domingo, julio 01, 2012

¿Es el quiebre?

Hay problemas económicos. No es brindar una novedad lo que pretendo, sino observar si esa crisis puede ser remontada como la de 2009, o si estamos en otra situación. Con crisis económica a ningún gobierno la va bien, y esa es la dimensión que algunos plantean hacia adelante. 
Moyano, el sindicalismo, le hizo una plaza opositora al gobierno peronista. Bueno kirchnerista. Esa es otra discusión. Le hizo la plaza, esa sí es la cuestión. Algo se rompió. Pero como te dicen los médicos, hay que esperar unos días, unos meses tal vez, para ver si la fractura es grave o si se puede volver a su casa caminando y alcanza con el reposo. 
El gobierno perdió, al menos por ahora, un aliado clave para cualquier presidencia, pero mucho mas para una peronista, por tradición y por convicción. El peronismo gobierna con la clase trabajadora, Si lo hace en contra, como Menem, bueno, te quedas como muy poco del peronismo, en tanto idea del poder. Por lo tanto la plaza es un golpe, habrá que ver que tan duro. Los esfuerzos de las columnas de Clarín de hoy, domingo 1 de julio, por releer lo que es llenar una plaza, que estaba repleta, que siempre se mienten con los números, etc.,  son la evidencia que la convocatoria no fue el éxito que esperaban. Allí hay una señal: sectores opositores, espacios que se sienten perjudicados por el impuesto a las ganancias, no creyeron que Moyano fuese una canalización deseable de su reclamo o de sus estrategias. El apoyo de Macri, otorgando asueto en la administración pública de la ciudad, no alcanzó para convertirse en un apoyo político decidido al paro. En ese sentido fue una jugada a lo Macri, mostrando un poco, pero nunca la cara. Los sectores medios indignados y caceroleados ausentes de una brújula política fueron escasos, muy escasos el miércoles y acaso por esa falta de rumbo, ni se juntaron el jueves, luego de un mes de protestas. A sus reclamos no se subió ni siquiera el PRO, al menos públicamente. El FAP, según dicen, recorre el país intentando crecer en aquellos lugares cuyo peso propio es casi nulo, lejos de los retumbes mediáticos. 
Norberto Galasso señala hoy en Tiempo Argentino que Yasky en definitiva es el único secretario de una central obrera junto al gobierno de Cristina. Pero eso no debería ser leído como un aislamiento del gobierno, ya que no existe una construcción política que esté acumulando. Las ambulancias no alcanzan para las estrategias de poder. 
¿Es el quiebre? Sólo si la situación económica se vuelve mas inestable, léase peor para los sectores populares y medios - medios, el kirchnerismo podría tener problemas políticos y afectar su estabilidad. Como suele suceder a veces en las promociones del fútbol, depende de si mismo.