martes, agosto 21, 2012

Los politólogos no hablamos de San Martín




Como el día en que uno morirá es fruto del azar, o al menos está fuera de todo cálculo científico, protocolar o de cortesía, que se haya conmemorado a José de San Martín el 20 de agosto, daba mas o menos lo mismo que hubiese sido el día "correcto" es decir el 17. 
Digámoslo así: San Martín no afloja. Allí está, no sólo presidiendo plazas en toda la república o identificando calles y clubes, sino que su figura y sus acciones siguen presentes. Hace algunos años se había hecho un programa de TV llamado, creo, El Argentino, donde personalidades y el voto del público consagraba al argentino que más nos representaba o algo así (no eran muy claras las premisas) pero el caso es que frente a Fangio, Favaloro, Borges y unos cuantos más, volvió a imponerse el correntino de Yapeyú. 
Como sabemos la consagración de San Martín vino de la mano de Mitre. Fue el quien lo puso en el altar de los héroes de la patria y q quine le tocada el sitio mas destacado. Décadas después Ricardo Rojas, en su momento más nacionalista, escribió El Santo de la Espada, para fortalecer la idea del héroe mitológico (que mucho después llegó al cine con Alfredo Alcón). A pesar de ser un "producto mitrista", la elección quedó inalterada: en 1950 al cumplirse 100 años de la muerte de San Martín, Perón declaró año sanmartiniano y según cuentan hasta la veredas llevaban su nombre. Para ampliar los seguidores, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) utilizaba la bandera del Ejercito Cruce de los Andes y la misma figura del general. Todos los movimientos de liberación nacional de los 60 – 70 hacían mención a su figura. Es cierto, también al dictadura lo elogiaba, pero el Proceso de Reorganización Nacional siempre se identificó mucho más con el Roca de la Campaña al Desierto, que con ningún otro.
Si el héroe nacional está llamado a cumplir con los requisitos de la lucha por la liberación de la patria y por el consenso y apoyo del conjunto de la sociedad, San Martín parece cumplir con tranquilidad todos los ítems.
Si embargo en ciencia apolítica cedimos toda lectura del general a los historiadores y a al literatura. Atentos a nuestra disciplina, al enfoque que ha tomado en el país nuestra disciplina, la historia argentina comienza hacia 1880, es decir con la formación del Estado nacional. Y es, en parte, razonable porque la ciencia política tiene que ver con las relaciones de poder en torno del Estado; sin este, pero en particular sin un sistema político, pieza clave del mainstream de la ciencia política local, no hay objeto de estudio para indagar; dicho más claramente sin instituciones de gobierno pareciera que la ciencia política no tuviera nada que decir y que interpreta los años que van desde 1810 a 1880 (con suerte a 1853) como un interregno sobre el que sólo cabe contar la cronología, pero no indagar acerca de la suerte que corriera nuestro sistema político, social y económico posterior. Ni siquiera en la formación de nuestros actores políticos relevantes.
No me gustan las linealidades históricas simplificadas. La dictadura de la Revolución Argentina hablaba de la continuidad de Mayo – Caseros y la culminación en los hechos de septiembre del 55. Los revisionistas contestaron con San Martín, Rosas, Yrigoyen y Perón. No dudo de las persistencias, pero no me dice mucho pensar que estamos atrapados en una línea de tiempo, de repeticiones y que la lucha sea siempre una sola, aunque no deje de atraparme la noción de pueblo. No es San Martín quien me parece un fenómeno político en si mismo, sino la presencia de sus acciones y la representación de algo que yo no llamaría simplemente patriotismo.
Por eso, tal vez esté llegando la hora de que la ciencia política comience por estos pagos, a mirar otros procesos por fuera de los institucionales para aumentar su capacidad de explicación. Tal vez la unidad I de una historia argentina, de una sociología política, de procesos históricos, pueda dedicarle algunas horas, a un tipo que en sólo diez años (1812 – 1822) de acción política, se quedó clavado en el imaginario colectivo. 

*El San MArtín del dibujo es el utilizado en la serie "Las aventurasde Zamba" de Paka Paka

5 comentarios:

Rafa dijo...

Dotor: Ud. ha tocado un tema que me resulta sensible, tanto que intuyo que ignorar las facetas políticas de San Martín es una forma de obedecer el mandato sacralizador y a la vez mutilador de don Bartolo. No sé si los leyó en su momento, pero le dejo un par de posts ya veteranos sobre el asunto:
http://el-lobo-estepario.blogspot.com.ar/2010/08/san-martin-politico.html
http://el-lobo-estepario.blogspot.com.ar/2010/11/el-precio-del-bronce.html

Un abrazo.

Sergio De Piero dijo...

Rafa: no, no los había leido, excelentes tus dos post.
En efecto me impresiona tanto la figura política de San Martin como la permanencia de su figura. Si fuese un mero invento, la globalización se lo llevaba puesto, peor el tipo ahi está firme (como sus estatuas, chiste previsible). Nos repetían en la escuela que prefirió irse del país antes que ver pelear a sus hermanos entre ellos ¿y eso políticamente que ser ía hoy? Me aprece por demas interesante
Abrazo

Mr. Mojo Risin dijo...

100% de acuerdo. Conocemos un San Martín con una gran capacidad estratégica militar. Sin embargo muchas de sus ideas políticas, reflejaban una época, que merece estudiarse. Como gobernador de Cuyo dejo muchas enseñanzas. http://www.paternalcambiaelrumbo.blogspot.com.ar/2012/08/seamos-libres-y-lo-demas-no-importa-nada.html.. yo descubrí un san Martín mucho mas "político" gracias al maestro de galasso...
saludos dotor.. y no se me agrande por ganarle a los primos eh!!..

RDM dijo...

Me parece que algo ya dijo Rafa: el precio del bronce fue la "despolitización" de la figura de San Martín (peor aún, convertirlo en un imbécil de la política) porque era la única forma de hacerlo pasar ante una porteñidad que lo odiaba por muchas razones más importantes que haberse negado a sostener a Rondeau o admirar a Rosas.

Lo que hay que agregar es que ninguna mirada posterior a la mitrista "repolitizó" a San Martín. Nadie supo ni quiso, entre otras cosas, porque "repolitizar" es, necesariamente, parcializar. Y eso tiene como consecuencia el bajarlo del caballo de héroe universal. Y, según parece, todas las miradas de la historia necesitan un héroe que no pueda ser discutido.

Más allá de eso, y de la indudable pericia militar de San Martín, muy por encima de la media del resto del panteón emancipador, habría que pensar en lo fácil que es neutralizar y hacer de bronce a un tipo que sólo pasó 5 años de su vida adulta en Argentina.

Finalmente, para miradas analíticas más complejas sobre el lugar de San Martín y su visión (y muñeca) políticas en los primeros años de la Patria, sugiero darse una vuelta por Alejandro Horowicz: El país que estalló, Vol. II. Más que recomendable.

Abrazo.
RDM

Sergio De Piero dijo...

Mr Mojo: así es y muy bueno su post

RDM: no tenia el libro de Horowicz, gracias