viernes, abril 13, 2012

Dictadura y memoria, otra vez

Recordar, tener memoria, no implica en si mismo ningún mensaje en particular. La cuestión, desde luego, está en su contenido, aquello que merece ser recordado, pero también en sus formas.
Afirmaba Broges en Deutsches Requiem:  "No estaría loco, un hombre que se figurara todo el tiempo el mapa de Hungría?" La memoria tiene sentido si puede comrpenderse desde otro tiempo histórico como el presente. Si es puro recuerdo, digamos un fijo deseo de recuperar aquello que está perdido, la memoria pierde su carga activa y construtuva.

En los últimos días han reaparecido distintas vindicaciones sobre el accionar de las FF.AA en los '70, la represión. Una editroial de La Nación de hoy exige directamente invertir los supuestos homenajes que se realizarían en la actualidad. Jorge Asis ha hecho manifestaciones en favor de anmistías para los militares y el mismo diario nos informa que Ceferino Reato está por publicar un libro que incluye un extenso reportaje a Videla sobre la represión. (En la que, por primera vez, admite la existencia de desparecidos, valga la contradicción).
El argumento de memoria completa es endeble. Todas las lecturas del pasado son desde un determinado punto de vista. Y por otra parte, muchos protagonistas de las organizaciones político militares de los 60 y 70, han reflexionado críticamente sobre el desempeño de esas organizaciones. Tal vez los debates no se den en los medios masivos, pero existen en revistas, libros y conferencias. Y muchos comienzan diciendo, yo estuve a favor, sin embargo ahora...
De hecho las reivindicaciones setentistas, aunque algunas sean desmesuradas sobre los actores y la juventud maravillosa, no es sobre las acciones. No hay una reivindicación generalizada de la acción armada y no sólo porque sería un delito, sino porque en términos políticos nadie lo evalúa hoy como un camino a seguir. Militarismo, es una expresión presente en todo análisis sobre el período. Faltará sin duda seguir puliendo esa crítica, pero los tonos de las exigencias de la editorial de La Nación, no van en ese camino, sino en la presión por desandar la justicia conseguida. 

Este año, nuevamente, se ha cuestionado el feriado del 24 de marzo, argumentando que implicaría un homenaje al golpe. En Santiago Chile, la Alameda, cambia de nombre a la altura del aristocrático barrio Las Condes para llamarse 11 de Septiembre...en homenaje al golpe de Pinochet. La democracia, no pudo, no supo, no quiso cambiarle el nombre. El 24 de marzo recuerda el inicio de una tragedia; pueden encotnrarse signos previos, pero la no está mal que ese día permanezca en rojo en los almanaques.

2 comentarios:

DP dijo...

Sergio: me parece que lo de "militarismo" ya no va como generalización de lo que fueron "los 70". Es más: eso fue parte del "relato" de los milicos ("llegamos para combatir la subversión armada, apátrida", etc.).
Lo que hubo, de 1969 a 1976, fue un enorme proceso de insurgencia obrera, juvenil y popular (con muchos métodos de lucha y "tipos" de fenómenos), que hizo temblar a la burguesía y sus políticos (PJ, UCR). Y por eso, ya fracasado Perón en contener -vía "pacto social", y en medio de la crisis económica internacional 1973-75- a la clase obrera -que le hizo los paros nacionales de junio y julio del 75-, vino el golpe.
Las organizaciones guerrilleras actuaban, pero no era ése el peligro que quería evitar la clase dominante: era la "insubordinación fabril" (tomas de fábrica, superación en la acción de sus dirigentes -la burocracia sindical peronista-, coordinadoras zonales y regionales, etc.).

De hecho el mismo Antonio Cafiero, ministro en ese entonces, admite en sus memorias que él, al igual que Balbín, estaba preocupado por la "guerrilla fabril"...
Lo cito en este post, del libro de sus "memorias" hace poco aparecido:
http://eldiablosellama.wordpress.com/2012/03/11/hablo-un-genocida-videla-y-algunas-verdades-historicas-y-politicas-que-surgen/

saludos
DP

Sergio De Piero dijo...

DP: es cierto que el temor era la indisciplina social, mas que al guerrilla. Pero no puede negarse el componente de militarismo que existió en muchos espacios de las organizaciones político militares, sin que eso conduzca a la teoría de los dos demonios