Página 12 publicó ayer un reportaje de Martín Granovsky a Dilma Rouseff. Entre otros temas habla de la situación internacional y el periodista la orienta hacia el rol que Brasil buscó tener con respecto a Irán. Allí le pregunta sobre los derechos humanos por un camino que sabía tenía que ver con ese asunto:
Tras mencionar la prisión que los Estados Unidos controlan en Irak y la que conservan en territorio cubano, ambas cuestionadas por violaciones a los derechos humanos, Dilma dijo que “tener una posición firme en derechos humanos no es simplemente levantar el dedo contra un país y señalar que ese país no los respeta”. Y agregó que, “como dice la Biblia, es bueno mirar la paja en nuestro ojo”.
–La lapidación es una forma de pena de muerte.
–Y yo estoy en contra. Pero no quiero que se usen los derechos humanos como instrumento político. No voy a defender a los que sean acusados y violen los derechos humanos, pero tampoco soy ingenua cuando se hace política con los derechos humanos.
Granovsky buscó comprometerla con el régimen iraní y Dilma reconoció la pregunta, aunque vuelve sobre un modo de utilizar las palabras que ha quedado impregnado "uso político de los derechos humanos". Frase que también se aplica a otros temas, pero que nunca escuchamos la queja del uso "periodístico" "jurídico" "médico", etc. como connotaciones negativas. Es curiosos que los mismos actores políticos, y no sólo Dilma ha hecho esto, conciban a su espacio como una potencial degeneración.

