
El Marco tiene un carisma importante y dada su juventud (36 años) le emprende con la libertad que da lo papeles de recién venido. Su estrategia central de campaña fue proponer todo aquello que en la sociedad política chilena está oculto: matrimonio entre personas del mismo sexo, aborto, salida al mar para Bolivia, entre otras cosas, bajo el discurso de la autenticidad: yo quiero ser presidente, tenemos ambiciones, apoyo el mercado en uan economía mixta, tengo asesores de derecha, mi padre fue dirigente del MIR, me crié en Frnacia, etc. Sus palabras evidentemente patearon el tablero político en nombre de lo nuevo y en particular frente a una Concertación desgastada tras 20 años de gobierno (Piñera y Frei son exactamente lo mismo, dijo). Ahora le queda crecer en serio. No tiene un sólo diputado, gracias al esquema electoral chileno, ni un solo alcalde. Un amigo le preguntó como pensaba construir de aquí en adelante, es decir cuando ya dejaban de ser una barra de amigos, contestó que ese era el desafía que no sabía si iban a lograr. Este humilde bloguero rentado, le preguntó en qué tradiciones políticas se sentía identificado, y bue mas o menos, el progresismo, la autenticidad, etc. No nombró a ningún presidente ni político de América Latina.
¿Puede aparecer uno así en Argentina de acá al 2011? Parece que no. Lo "nuevo" ya lo representaron los empresarios Macri y De Narvaez (Marco también proviene de la elite de Chile), pero el sistema político no parece tener huecos para nuevas formas, ni franjas ideológicas relevantes que no estén contenidas, sumado que en Argentina no existe la solidez o anquilasmiento, según como se diga, de los partidos políticos chilenos. Salvo que el Escriba me diga que Martín es nuestro Marco, pero no creo ¿no?











