miércoles, mayo 05, 2010



Eso nos preguntamos todos Raúl

La Unión Cívica Radical, el partido Centenario (y monedas) ha atravesado desde el retorno a la democracia todas las instancias posibles: victoria contundente, caída, resurgimiento, derrota, victoria en un frente (por primera vez en su historia), cuasi desaparición con el 1,5% del 2003, fragmentación interminable, ¿resurrección?, ¿algo medio raro?

Luego del triunfo de Alfonsín en las elecciones de 1983, su liderazgo quedó consagrado hasta su misma muerte, el cual había mantenido a pesar del modo en que terminó su gobierno; gracias la Pacto de Olivos, pero no sólo por ello, sino porque en el propio partido los liderazgos alternativos como el de Eduardo Angeloz, nunca logró consagrarse a nivel nacional o De La Rúa, cuyo final creo que todos recuerdan. De hecho nadie salió a enfrentarlo, a pedirle la jubilación, como él mismo lo había hecho frente a Balbín.

De las 15 elecciones nacionales que se han realizado desde el retorno democrático, el radicalismo o su sitema de alianzas se ha impuesto sólo en tres: 1983, 1985 y 1999 (en 1997 tuvo una importante victoria en provincia de Buenos Aires y otros distritos, pero no le alcanzó a nivel nacional). Ha gobernado por un período las provincias de Buenos Aires, Chubut, Misiones y San Juan; y por mas de un período en Córdoba, Entre Ríos, Santiago del Estero, Chaco, Corrientes, Catamarca (en alianza), Mendoza y la perpetua Río Negro. No es todo, pero no es poco, porque a ello se suman un número importante y dificil de contar de municipios. El problema es que la mayor parte de esas victorias provinciales se suceden en el período 1983 - 2001, muestra que la crisis de ese año, se ensañó especialmente con los radicales.

Todos los manuales dicen que la UCR, nace como partido que representa a las demandas de los sectores medios urbanos y que por esas cosas de la historia no pudo ser la caja en la cual se identificaran los obreros de la mano de Perón. Hasta la llegada de Alfonsín, el partido no pudo salir del molde del '46 y quedó engrapado en su antiperonismo irreductible. Alfonsín le dió vida sin abandonar el antiperonismo, pero dibujándoles otros horizontes. Angeloz, Terragno y algún otro, intentaron presentarlo como el partido modernizante del siglo XXI, pero fallaron y después vino Fernando.

Hoy el radicalismo mantiene poder territorial acotado a los municipios y a algunas provincias pero que no responden necesariamente a una conducción nacional. Los liderazgos de ese tipo se itnetna construir desde el congreso: Cobos, Morales, Sanz, Stolbizer y pará de contar, como decía mi viejo. ¿A quién interpelan? ahy dos bandos claros: los dos primeros concentran sus palabras y gestos a todos los sectores antiperonistas conservadores, agrarios y urbanos, buscando revivir las glorias del balbinismo y del unionismo. Los segundos, un poco más lúcidos, quieren ampliar esa alianza a sectores medios, a esos espacios progre - filo radical que aún existen (no se, una Sarlo) y desde luego contener a los antiperonistas de cuaqlueir cepa. Las transformaciones en al clase media, no le hacen fácil la tarea y la ausencia de un liderazgo como el de Alfonsín, menos. Torcuato Di Tella, ha dicho varias veces que la UCR se deje de joder y asuma que es un partido de centro derecha y ocupe ese espacio desplazando a al derecha no democrática. La construcción solitaria y con dinamita de Carrió aumenta las dificultades para quedarse con la porción. A eso sumale Macri.

De modo que a la pregunta que Alfonsín contestaba en ese libro del año 1983 (salió uno por cada partido que presentaba a elecciones y escrito por su candidato a presidente), la respuesta es ams que dificil de escribir, en particular cuando no pueden aseguarse la propiedad exclusiva de partesitas de la agenda política.

3 comentarios:

RDM dijo...

Mire, Don Roque: Creo que fue Alejandro Horowicz el que definió al radicalismo (en ese momento, Unión Cívica Radical del Pueblo) como "el partido agrario de la Revolución Libertadora".

En esa época (la de ese Horowicz, claro), Ud. sabe, yo andaba por ese lado, y la definición me partía como a un queso: que te digan ruralista y gorila en una sola frase es algo que sólo puede ser bien recibido por prohombres como Biolcatti y esa banda.

Y hemos de reconocer, también, que acaso Alfonsín haya sido el que más cerca estuvo de romper con esos límites (los agrarios, no los gorilas), pero evidentemente no le alcanzó y, aún en vida del propio Alfonsín, el radicalismo ya había abandonado toda intención de correrse de ese molde.

En resumen, y a veintipico de años de aquella primera lectura, hay que reconocer que Horowicz tiene razón: el radicalismo es un partido agrario y gorila, y no ha hecho otra cosa que demostrarlo en estos tiempos, más allá de los gestos de algunos como los que Ud. señala.

Y, aunque ahora ando por este otro lado, la definición me sigue doliendo. No porque me involucre, sino por lo que significa como marco de frustración para buena parte de una generación. La mía, sin ir más lejos. ¿Me sigue?

Le mando un abrazo grande.
RDM

Avallay dijo...

Lo sigo. Alfonsín quiso hacer del radicalismo un partido socialdemócrata. Su único problema y que no pudo resolver, es que estaba en Argentina y no por caso, en Finlandia... bueno en serio creo que cuando tuvieron la mas grande de las posibilidades desde Irigoyen, s eles escapó por intentar traspolar modelos norteños, y no de Jujuy, precisamente.

RDM dijo...

La tecnología juega sucio, así que puede ser que esto aparezca posteado dos veces.

Lo que le decía en mi entrada perdida, es que precisamente por lo que Ud. comenta que la definición de Horowicz es interesante. Digo: para un partido que se mira a sí mismo como "representante de la clase media", resulta completamente imposible dejar de ser agrario sin dejar de ser gorila. Que no tiene que ver con asumirse peronista, sino tener una mirada que contemple y contenga lo que pasa por acá cerca, aunque se la quiera enriquecer con algo de aquello que pasa por allá lejos. Como Finlandia.

Y ahí es donde el intento de cambio de Alfonsín fracasa miserablemente: el radicalismo no dejó de ser gorila. No pudo dejar de pensar la sociedad en términos de una combinación más o menos armónica de entelequias. No supieron ejercer el derpo cuando lo tuvieron (y mire que lo tuvieron, ¿eh?), ni negociar correctamente una estrategia defensiva cuando empezaron a perderlo. Y, entonces, nunca terminaron de dejar de ser lo que eran. Y 2001 les generó una fuerte recaída de la que no terminan de reaccionar.

Para abonar a lo que Ud. dice: en las elecciones de 2007 no hubo candidatos a presidente radicales. Salvo que considere a Carrió en esa lista, pero estamos hablando de la UCR como partido. Perdieron completamente, no ya la propiedad exclusiva de alguna parte de la agenda, sino también la capacidad de incidir en ella, al menos "proactivamente" como se dice. Sólo de manera reactiva.

Entonces, se producen escenas como la de Gerardo Morales, primero con Marcó del Pont y luego con Boudou. Y, como creo que le dije aquella vez, ¡¡¡mirá que hay que ser zapallo para que un tipo como Boudou te deje en ridículo!!!

Al final, fue más largo que lo que había puesto antes. Me quejo de lleno, como verá.

Un abrazo.
RDM